He venido de pasar todo el día fuera y, aunque estoy inmersa en otro proyecto de escritura y pensaba ponerme con ello nada más llegar, el blog me ha llamado y me ha dicho que ya era hora de escribir en él. Esto justo me ha venido después del paseo de camino a casa.

Decidí hace muy poco que no lo iba a hacer con ningún tipo de continuidad ni de reglas, sino que todo sería cuando de verdad lo sintiera, y lo estoy cumpliendo.

Cada paso de bebé que doy, está guiado por mi sentir. 

Subía el ascensor a casa, como en tantas ocasiones, con la orden expresa de escribir (este pulso insistente que sabes que o le haces caso, o no te deja tranquila) así que he cenado algo rápido, me he puesto cómoda (Teo por aquí facilitando el proceso de inspiración) y he empezado a teclear. 

Últimamente paseo mucho. Paseo cuando quiero despejarme, paseo para despertar la creatividad, paseo para eliminar ruido mental y sobre todo, paseo para escuchar. 

Cada día son una media de once kilómetros los que hago, si no más.

Esta actividad se ha ido colando en mi vida como sin darme cuenta.

Si me pongo a pensar, yo he paseado siempre, aunque es cierto que en los últimos tiempos, el paseo ha cambiado de objetivo o, mejor dicho, soy mucho más sensible a lo que este me ofrece. 

Suelo pasear con un cuaderno y un bolígrafo.

Antes paseaba, y cuando acababa, me sentaba en algún lugar a escribir. Ahora es mucho menos planeado, como todo. 

Ahora, en mis paseos, cuando ya llevo el tiempo suficiente caminando llego a un punto en el que de pronto, todo se para. Una música que no es música pero como si lo fuera, empieza a orquestar lo que tengo frente a mí. Es un punto del espacio-tiempo en el que todo queda colapsado. En ese momento yo siento que se ha abierto una puerta. Es un instante que dura una eternidad. Y una vez que esa puerta está abierta, recibo mensajes claros y contundentes que anoto en mi cuaderno. Vienen del mismo lugar que siempre te he compartido, del centro de mi pecho, de mi Corazón. Son mensajes inconfundibles y poderosos. 

Algunos de estos mensajes son cosas que necesito saber en ese momento, otros son nuevas ideas y nuevos proyectos. Algunas veces son como si una sabiduría arrolladora me envolviera. Y todo lo que llega, todo, como si de un tesoro se tratara, lo anoto en mi cuaderno para entenderlo y no perder nada de lo que fluye hacia mí. 

Estos paseos me han puesto en contacto con mi alma, ni más ni menos. Creo que es ahora cuando de verdad la estoy conociendo. Ahora soy capaz de atender a sus necesidades o sus pedidos. Y ahora la Amo y la priorizo por el sencillo hecho de haberla descubierto. Y ha sido paseando. 

Los paseos, a veces me llevan a lugares desconocidos y otras, tienen un destino predeterminado, que tampoco he planeado sino que he sentido y he puesto un pie detrás del otro para llegar allá donde se suponía que tenía que ir. 

Como el otro día, que sentí que quería visitar la Basílica de San Pietro en el Vaticano, y haciendo la fila, conocí a un Steven, un chico muy joven francés que acababa de empezar un viaje alrededor del Mundo. Resulta que, otra vez sin planearlo y sobre todo sin bloquear ni una palabra de lo que salía de mi boca, tuvimos una conversación que por lo visto, cambió la perspectiva de su actitud hacia el viaje. Después, de la manera más natural, nos separamos y a los días, Steven se encargó de hacérmelo saber. Y por supuesto, él también me aportó lo que yo en ese momento debía escuchar. Además de que mi visita a la Basílica tuvo otras sincronías que darían (e igual dan) para un libro.

Porque esto es así de perfecto. Ya lo sabes. 

O el otro día, que escuché un pedido de mi alma (ni más ni menos) la entendí y la dije que haría lo posible para dárselo y no defraudarla y hoy se me ha concedido, de una manera asombrosa. (Estoy muy agradecida, por cierto).

Y muchas muchas más entradas que aún proceso o que sé que todavía no es el momento. O que estoy en ellas, como el grupo recién iniciado de meditación en Roma.

A quien acompaño, de la manera que sea que le resuene, sabe que antes o después experimentará la magia del paseo. 

Para mí ha sido todo un proceso llegar al punto en el que me encuentro ahora con él, pero sea como sea que es tu situación en este momento, esta magia, siempre empieza dando el primer paso. 

Fotografía de José Enrique.

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