Llevo un rato buscando el tema para el artículo de hoy. «La manifestación» me venía una y otra vez.

He ido a pasear, he guardado silencio, he escrito en mi cuaderno en mitad del bosque. Y todo porque ya me había venido y estaba rehuyendo de él.

Tengo mis resistencias a entrar en esta cuestión. Aunque para mí, resistirme cuando siento qué debo escribir, es una batalla perdida. Me rindo (otra vez).

¿Por qué me resisto a hablar de ello? 

Porque creo que es en la manifestación de la materia donde nos perdemos en la búsqueda espiritual que es al final, para lo que estamos aquí. Nos perdemos pero mucho. 

Cuando me ha venido el tema de hoy he intentado jugar con ello, me he dicho «a ver, ¿qué necesitaría manifestar ahora?» y aquí ha empezado mi -querer buscar algo diferente-, porque ¡no necesito nada! No habría nada que ahora mismo quisiera manifestar que no tenga ya. Y es que claro, iba por aquí mi enfoque.

Con honestidad, no sé si me equivoco o no con esta cuestión de la manifestación de lo material, quizás sí, pero ya sabes que no puedo (ni pienso) hacer o decir más que lo que sienta de Verdad en cada momento. 

Sé que tenemos un poder inmenso para crear (fabricar) cualquier materia que nos propongamos. Tengo infinitos ejemplos de ellos en mi vida, hoy mismo podría enumerarte unos cuantos. Y algunos muy sorprendentes. 

Sin embargo, te cuento cuál es, a día de hoy, mi manera de entenderlo. Señalo a día de hoy porque soy un Ser en evolución, como tú, y no tengo ni idea de mañana y lo de ayer, ahí se quedó. 

Yo creo que tenemos tal plenitud que no necesitamos usar el poder inmenso de la manifestación para que las cosas materiales se nos den. No necesitamos hacerlo de manera consciente, quiero decir. 

Para mí, el mero hecho de tener que visualizar algo en concreto, dice que falta, cuando es falso. Nunca falta nada. 

Yo he experimentado la manifestación en la pequeñez y en hechos enormes, gigantes e inimaginables y es que es ahí donde voy.

A mí (Beatriz) no se me hubiera ocurrido nunca la maravilla que había y hay para mí, y eso sí que lo he aprendido bien. 

Llevo un tiempo sintiéndome muy mimada por la Vida, y sabiendo por completo que todos somos niños y niñas mimadas si nos dejamos. Yo me dejo, ya me cansé de querer llevar las riendas. 

Y, esta vida que sabe qué es lo mejor para nuestra experiencia, sin atisbo de duda, debe tener libre paso para poder actuar.

Contamos con un poder tan enorme, que efectivamente, podemos fabricar lo que queramos. La mente es infinita en su capacidad pero, y un pero grande, nos estaríamos perdiendo lo que como te digo, yo al menos, no podía ni imaginar. Y ya sé que es así siempre. 

Mi propuesta es volver a la inocencia de la niñez.

Una niñez sana, en la que no te tienes que preocupar por nada. Con la inocencia de saber que todo lo que vayas a usar en tu camino, se te va a ir presentando y lo vas a recibir con sorpresa y gratitud propia de quien sabe, que lo que la vida le da es un regalo maravilloso, en lo ínfimo y en lo monumental. 

Y si te afino más, cuando de Verdad lo he podido llegar a sentir, es cuando he dejado todo lo material, entonces esto se ha acelerado de una manera asombrosa. Es dicho y hecho. 

Hoy no tengo jersey, porque hoy no lo necesito, quizás es que vaya en invierno a un clima cálido ¿qué más da?. Sé que la Vida me Ama y tiene maravillas para quien se deja mimar. 

Me desprendí de mis libros que tanto me costó, y hoy, estoy escribiéndote en una biblioteca de la que tengo la llave y «barra libre» de lecturas. ¡Es que es muy genial todo esto! de verdad. 

Dime, ¿te atreves a experimentar la Vida? y más ¿te dejas mimar por ella? (¡Di que sí bien alto y aprovecha para decretarlo!)

Lamento que si esperabas un artículo de «diez maneras de manifestar tus deseos» te haya decepcionado, sin embargo, la verdadera dicha se encuentra en la ausencia misma del deseo. 

Ya lo dijo Buda. Nada nuevo. 

Y es muy divertido entrenar nuestra mente para llegar a la del Buda. ¡Ni un poquito menos! que es ahí donde está la Gracia.