En este tiempo he cambiado de manera tan radical de escenario que parece que he estado en dos mundos diferentes. Y como siempre, me he observado. Hoy, mandaba un mensaje de voz a uno de los amigos que hice en Asturias contestando a su pregunta; «¿cómo estás, Beatriz?» y al hablarle, he caído en la cuenta de que estoy exactamente igual. Le he dicho algo así como que ahora no son fabes, sino que es pasta, pero la esencia es la misma. La gente, el lugar, las experiencias… igual de maravillosas.

Ahora llego del cine porque me han llevado a ver una película. Rodeada de gente estupenda y con las puertas y los brazos abiertos. Idénticas sensaciones que en mis experiencias anteriores. Iba pensando en ello cuando atravesábamos con el coche Roma. ¡No existe diferencia con lo anterior!

¡Somos nosotros los que creamos todo el tiempo, si excepción! ¡Es una barbaridad verlo con tanta claridad!

Además de haber venido a vivir a otro país, y haber pasado de un extremo a otro, estoy completamente inmersa en la aventura de mi primera novela, y por supuesto, mi querido proyecto con Mi plan Be. ¡Imagina por un instante todo lo que hay detrás! ¡Uff! 

¡Y sigo siendo la misma! Esto tampoco me aleja de mí.

Esta tarde paseaba de vuelta a casa y revisaba mi dicha interna. 

¡La misma! ¡Increíble! 

Y esto es de lo que quería hablar esta noche. Este camino que siempre te comparto, ya sabes que trae mucho movimiento, pero donde te deja en un estado genuino de Ser. Donde no hay ningún elemento externo que te haga perder esa esencia. 

¿Cómo vas a cambiar una vez te has encontrado? Es imposible. Si lo que tú ya sabes que eres, va contigo siempre y es tan poderoso que no titubea. 

Es genial descubrir, como le decía el otro día a una de las muchas personas bonitas que he conocido, que a pesar de que el espacio cambie, los ojos que lo miran es lo que cuenta. 

Cuando tus ojos solo ven Unidad y Corazón, y te ves en todo, da igual dónde estés. Si tu día a día es más sencillo o menos, si está más concurrido o si es solitario, ¡eres la misma!

¿Puedes ver la seguridad inigualable que da saberte auténtica? 

¿Qué es libertad si no?

Yo siempre te voy a invitar a serlo. A no tener miedo de mostrarte tal y como eres, porque permitiéndotelo es como te enamoras de la Vida, y la Vida se enamora de ti. 

Hoy leía una frase de Jodorowsky que decía «al final te das cuenta de que el viaje fue siempre hacia ti». Me ha resultado muy sincrónico leerlo, porque precisamente de eso va todo lo que he vivido en los últimos meses. 

¡Démonos cuenta antes!

Amémonos sin reparo y sin vergüenza, porque somos seres extraordinarios. 

Hace dos noches, cenando con gente, me preguntaron a qué me dedicaba, y cuando conté mi faceta de acompañante, alguien me dijo en broma; «yo no necesito acompañamiento porque soy perfecto», «¡ni lo dudes!», contesté yo. 

Mi artículo de hoy solo pretende impulsarte a no parar hasta encontrarte y enamorarte de lo que halles. 

Hasta que no lo he logrado yo, hasta que no he sido de Verdad y lo he sido con todas las consecuencias, no he podido experimentar la Vida en su totalidad. 

Lo que tú eres no es maleable, ni se tambalea. Tampoco cambia con el ambiente ni con las personas que se rodea. Es eternidad.

Y eso es lo que estoy integrando en este momento de mi evolución. A saber que por fin soy yo misma, y me gusto muchísimo, tanto como me gustas tú. No hay ni pizca de diferencia.