La importancia de cumplir nuestra palabra no tiene nada que ver con temas morales o sociales, sino con el compromiso que adquirimos con nosotros mismos. Tiene que ver directamente con la coherencia y la coherencia es la base de toda conexión real con nuestro interior.

Cuando decreto que voy o no voy a hacer algo es una especie de “contrato” que establezco conmigo, y digamos que ya he abierto una puerta a esa realidad, es decir, si digo “el miércoles voy a ir al cine” y al final no voy, una parte de mí estará yendo, será como haber dejado “el grifo abierto”, habrá una fuga de energía.

A más realidades abiertas y no cumplidas, más huída energética, o más culpa acumulada, o deuda pendiente, como prefieras llamarlo.

Imagina, el miércoles al final no vas al cine por lo que sea, y una parte de ti se queda en modo “disco rayado”, recordándote que al final no fuiste, no fuiste, no fuiste… aunque no la sientas a nivel consciente, a otro nivel inconsciente está pendiente de cumplirse.

Imagina ahora eso mismo más todas las demás que tenemos, todas las promesas que nos hacemos o que hacemos a otros y nunca terminamos de cerrar.

Es como esas pantallas del móvil que dejamos abiertas y no cerramos, y de repente nos quedamos sin batería sin apenas haber usado el teléfono. Están funcionando en un segundo plano esperando a que nos demos cuenta de ellas y, o las usemos o las eliminemos.

Nuestra palabra es muy poderosa, decimos y decretamos sin conciencia y luego no entendemos lo que nos ocurre y porqué nos ocurre.

A mayor presencia, mayor conexión con nuestra Verdad y mayor fluidez en el día a día.

Cuanto más grande es la deuda con nuestro alma, más grande es la dificultad que encontramos. Saber cómo y cuándo comprometernos con lo que decimos aumenta nuestro merecimiento.

Verás que todo, siempre tiene que ver con lo mismo. Yo te invito a ver qué ocurre cuando te rindes a otra manera de experimentar las cosas.

¿Cómo sé que lo que digo lo voy a cumplir? 

Es sencillo, es solo una cuestión de observación.

La mayoría de las veces decimos a todo que “sí” porque creo que si no, voy a perder algo, sin embargo, también la mayoría de las veces, cuando se dice que sí o no con conciencia, lo que ocurre es que ganas a borbotones.

Si solo digo que sí o que no a lo que de verdad va con mi corazón en ese momento, lo haré o no lo haré con completa convicción, plenitud y Amor (en lugar de miedo).

Si digo “el miércoles iré al cine” es porque todo mi Ser quiere ir al cine, bien por la película, por la compañía o por el motivo que sea, mi corazón está en sintonía.

Si no lo tengo claro, no decreto nada, porque no lo sé. No hacer nada cuando no se sabe qué hacer es lo más sabio.

Cuando llegue el miércoles, ya veré. Si sé que quiero ir, iré si sé que no, no iré. Si ya me he quedado sin entradas, lo aceptaré con completo amor, porque sé que nunca fue para mí algo que me llamara tan fuerte ya que entonces lo habría tenido claro desde el principio.

Este ejemplo es muy sencillo, a lo mejor incluso simple, pero es trasladable a cualquier situación que se te ocurra. Recuerda que el inconsciente no entiende de grado de dificultad, la dificultad la marca el ego.

En este post puedes ampliar la idea de hoy.

¿Qué puedo hacer con las “pantallas” que ya tengo abiertas?

Te propongo hacer este ritual.

  • Escríbelas en un papel, cada una deberá tener su propio espacio.
  • Dale las gracias por lo que te han aportado. Si aún están pegadas a nosotros es porque no hemos sacado el aprendizaje más sutil. Es decir, en el ejemplo del cine podría ser “te doy las gracias porque, el no haber ido al cine, al final me ha hecho darme cuenta de que muchos de los planes que hago sin pensar es por escapar de estar a solas conmigo.”
  • Coge todos los papelitos que hayas escrito y vete a un lugar de la naturaleza, léelos en alto y rómpelos con firmeza, uno a uno. Después, esos papelitos los puedes hacer desaparecer como mejor te parezca (respetando como es obvio siempre a la naturaleza), el caso es que los dejes marchar.
  • Una vez hecho esto lo celebras, haces algo especial para ti. Tu inconsciente se tiene que acostumbrar a las celebraciones, y cada toma de conciencia merece una. La celebración es como sellar el acto.

Haciendo este sencillo ritual, estás añadiendo intención a la toma de conciencia, al salir de tu zona de confort estás trascendiendo tu ego para poder dejar ir lo que retenía los bloqueos.

Recuerda siempre que lo más relevante es que integres porqué se dio esta situación y qué es lo que de verdad había detrás de ella. Lo demás, vendrá solo.