La suerte no existe. Este el es mensaje que todas las personas a las que he entrevistado en el apartado del blog “Un martes cualquiera…” han insistido en que transmitiera.

La suerte, según la entiendo yo, es el lugar en el que depositamos nuestro miedo al fracaso o al éxito. Es otra manera de “echar balones fuera.”

La suerte es una mentira enorme en la que nos apoyamos para no seguir creyendo, para desistir, para sentirnos víctimas, en definitiva para justificar nuestra vida y no intentar cambiar.

Eso cuando nos consideramos “desafortunados”, pero cuando sentimos que a veces tenemos “estrella”, tememos que sean rachas, que pronto se equilibre todo y baje con la misma velocidad que subió, en definitiva, ¡que se nos gasten los “bonus”!

La suerte te la creas tú.

Yo creo mi suerte o no, por lo tanto, como es variable en función de mi actitud ante la vida, no existe porque todo lo que cambia a través de mi mirada es pura ilusión.

Además, tener “buena o mala suerte” es tan relativo como falso. 

Una vez escuché una frase de Wayne Dyer que decía “nunca tenemos suficiente información como para ser pesimistas”, es decir, como dice el cuento sufí que os recomiendo leer si no lo conocéis ya, “buena suerte, mala suerte, ¿quién sabe?”.

¿Cuántas veces no has emprendido un proyecto o una aventura por pensar que “tú no tienes buena suerte en ese terreno”?

Hoy la idea del blog me la ha dado una persona que ha asistido a un encuentro que hemos tenido acerca de blogs, redes sociales y emprendimiento, y lo agradezco porque como un rayo he tomado conciencia que este es el principal freno que nos ponemos si no estamos al tanto de que la vida, la vas creando tú, paso a paso.

Me ha “hervido” la idea por dentro y estaba deseando transmitir cuán equivocados estamos y cuánto nos perdemos por ello.

Es muy importante reflexionar y tomar conciencia de que siempre, absolutamente siempre estamos echando fuera la responsabilidad de nuestra vida.

“Yo llegaría muy lejos, si no fuera por… el gobierno, mi género, la situación económica, mi familia, mi procedencia, el sistema educativo, mi edad, los ciclos de la luna… o mi suerte.”

Es una hipnosis tan fuerte la que nos atrapa que yo sinceramente dudo que ni siquiera nos escuchemos cuando decimos este tipo de cosas, es tal el “programón” que nos tiene secuestrados que solo repetimos como “loritos” lo que nos va llegando. Fuerte, ¿no?.

Tomar conciencia es esto, es darse cuenta de lo que me digo y entenderlo para poder decretar que “en mi mundo las cosas son armoniosas, son sencillas y fluidas y siempre estoy dónde y cuándo tengo que estar.” 

Si no lo crees (porque estoy segura que habrá resistencias a ello), trata de hablar con esa gente que tú consideras que tiene “suerte”, lo primero que te va a decir es la realidad de cómo hace que su vida sea como es, yo lo he preguntado mucho (y lo observo en mi vida), y suele ser lo siguiente:

  • Sienten que la vida les sonríe, por lo tanto, les sonríe.
  • Tienen pensamientos de alta frecuencia, cuando les viene algún miedo lo rechazan o decretan inmediatamente lo que de verdad desean que ocurra.
  • Son generosos porque saben (o al menos intuyen) que hay una especie de fuente que les abastece de todo lo que necesitan cuando lo necesitan.
  • Nunca creen que ellos no tengan la posibilidad de alcanzar cualquier meta, por lo tanto son perseverantes, porque saben que antes o después el vaso de desborda y provoca la situación que otros verán como “un golpe de buena suerte”.

¿Qué puedes hacer al respecto?

  • Sé curioso, pégate a estas personas y aprende, son maestros conscientes o inconscientes de ello.
  • Decreta a diario cómo quieres que sea tu vida. A veces me parece que soy como un disco rayado pero ahí va una vez más, ¡somos más poderosos de lo que ni siquiera imaginamos! por lo tanto, atención y conciencia.
  • Integra que tu visión es demasiado limitada como para entender si has tenido o no “estrella” con algo, no alcanzamos a ver las repercusiones de lo que ha ocurrido, por lo tanto simplemente acepta e intenta aprender qué es lo que la situación te estaba enseñando, para que así modifiques tu “destino”.

 

“Caminante, son tus huellas 

el camino y nada más;

Caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

Al andar se hace el camino,

y al volver la vista atrás

se ve la senda que nunca

se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino

sino estelas en la mar.”

Antonio Machado.