La vida es como un videojuego… ¿Lo has sentido alguna vez?

¿Te acuerdas de los videojuegos de los ochenta, con las pantallas planas y sencillas en las que solo había que ir saltando obstáculos, obteniendo bonus o puntos hasta llegar al monstruo final?

En ese momento se apostaba todo, si te fallaban los nervios, la destreza o la seguridad en ti, ¡vuelta a intentar conseguir nuestra misión! Suerte que había más vidas o trucos para obtener alguna que otra oportunidad extra.

Si miramos la vida desde esta perspectiva, desde la perspectiva del juego, todo es mucho más divertido y, por ende, más fácil.

La vida, en toda su extensión, puede parecer caótica a veces, pero si conseguimos desmenuzarla en pequeños capítulos, con inicio y fin claros, todo se vuelve sencillo y apasionante.

En los videojuegos, cada pantalla es más complicada que la anterior, porque a la persona que juega se le presupone más experimentada, sabia y diestra en la materia, por lo tanto su nuevo escenario está acorde a su «nivel de conciencia» y por lo tanto de aceptación, como en la vida misma.

A medida que el crecimiento se da, según nos vamos enfrentando a nuestros propios retos, y los vamos superando, los siguientes serán adecuados a nuestro nivel, más complejos sí, pero también nos acerca a ese nuevo «reino» al que soñamos llegar.

El inconsciente es como una espiral, en la que en cada vuelta nos pregunta ¿ese verdad quieres pasar?, de nosotros depende la respuesta.

Cada acción, por pequeña que sea, puede estar tomada desde el miedo o desde el amor, recordemos que no existen más emociones y de estas dos, parten todas las demás. Y que lo siguiente que experimentemos, sea un camino fácil o lleno de obstáculos, dependerá mucho de estas pequeñas tomas de decisiones que se van sugiriendo en mi juego.

Supongamos que tenemos que mejorar la seguridad en nosotros mismos. Hasta llegar a esa «pantalla», pasaremos por varias previas, como pueden ser defender nuestros derechos con tranquilidad ante nuestra compañía de teléfono, hacer un viaje sin compañía, reclamar las comisiones que no nos corresponden pagar en el banco… o cualquier acción que requiera demostrarme, que mi seguridad aumenta progresivamente. Paso a paso.

“Una ínfima variación sostenida en el tiempo, puede producir un profundo cambio” Dr. David R. Hawkins

Estas pequeñas interacciones a las que no les damos importancia, son determinantes. Cada paso, por pequeño que sea, puede ser el ascenso al escalón siguiente.

El todo está en la parte y la parte está en el todo. 

Por lo tanto, si queremos continuar creciendo y conociéndonos, las oportunidades están por doquier, y nada nos dará el suficiente miedo si lo vemos como el final de una pantalla, que precede a otra llena de nuevas experiencias y con los premios que le corresponden a ese nivel.

No hay que tomarse la vida tan en serio, pensemos en las misiones del día a día, veamos a los «monstruos» con los que me enfrento como retos para ascender y llegar más lejos, riámonos cuando nos «matan», porque podemos volver a empezar, una y otra vez. Nadie nos juzga.

El inconsciente no nos pasa la factura de las veces que lo intentamos, muy al contrario, nos espera siempre con los brazos abiertos porque lo único que pretende es nuestra felicidad.

Nuestro Yo Superior (más del 95% de nuestra psique) no comprende por qué nos complicamos tanto la existencia cuando la vida puede ser muy sencilla.

Así que:

  • Divide tu vida en fragmentos que van de día en día, no más lejos de esto, son «misiones». De esta manera es más sencillo mantenernos en el ahora y poner el foco en alcanzar el reto que tenemos delante, sin mayor expectativa.
  • Trata de restar drama a los «conflictos» que te vayas encontrando, piensa como un niño y juega como tal. Nada externo a ti te puede hacer daño si tú no se lo permites, y recuerda que siempre hay «vidas extras».
  • Escucha qué te dice el inconsciente a través de las «pruebas» que preceden a cada pantalla, siempre hablan de uno mismo. Observa, integra y crece.

«Si haces que tu cerebro funcione de distinta manera, estás cambiando tu mente en el sentido literal.» Joe Dispenza