Estaba empezando a escribir. Era un tema que salía con cierta dificultad y no me convencía. De pronto, Annalisa, la mamma de la casa en la que me han «adoptado» (como ella misma me dice), me ha invitado a ver cómo hacía la lasaña con ragú para la fiesta de cumpleaños de su hija. 

¡Lasaña!

Por supuesto, he dejado lo que estaba haciendo y me he ido con ella. Es un tema de prioridades. Para escribir siempre hay tiempo. Y vivir lo que he vivido con Annalisa en la cocina, es algo único. Regalos que debes ver y tomar al vuelo. Me ha recordado a otro día que estuve haciendo arroz con leche con Sonia y sus hijos, en Caleru. 

Cuando me encontraba en Asturias conocí y conviví con gente magnífica, generosa, abierta y solidaria.

Siempre lo compartía, ya sabes. Mis ganas de contagiarte de lo que experimento superan barreras de cualquier tipo.

Algunas personas por diferentes vías me solían decir: «es que en el norte son así…» o (esta era muy recurrente) «es la gente del mundo rural que son acogedores…» 

Yo sabía que no. Que no era eso. 

Y cuando vine a Italia, estos fueron algunos de los mensajes que recibía: «Roma es una ciudad muy difícil», «ya sabes, aquí no lo vas a tener tan sencillo…» y tras un tiempo me han dicho incluso; «¡qué raro que estés siendo tan bien tratada por aquí, con lo hostil que es la ciudad…!».

Para mí me hablaban de universos diferentes, por dentro me preguntaba; «¿de qué Roma hablan?» y volvía a tener la certeza de que no era verdad. Y tal cual, lo dejaba claro en el momento (ha sido divertido).

Aquí me están tratando de verdadero lujo. Y Roma no puede ser más acogedora conmigo, en todos los sentidos. 

De igual manera, me han abierto la puerta familias, familias de familias, amigos… 

La magia que llevo experimentando tanto tiempo tiene el mismo efecto en Roma.

La vida no es más o menos amable por el lugar en el que te posiciones fuera, sino por el lugar en el que te posicionas dentro. 

Por lo tanto, te podría contar muchas anécdotas de causalidades y sincronías, que han dejado con la boca abierta a quienes las han visto (a mí la primera). 

No encuentro ninguna diferencia entre las personas de un lugar o de otro, porque no las hay. Tampoco las encuentro en mí.

Tampoco son diferentes por el lugar o el escenario. No hay límite, niveles o medidas para el lenguaje del Corazón. 

Esta mañana, después de hacer yoga he recibido un mensaje de Enrique, un amigo de San Román que me escribía para decirme que él y su mujer Covita, se acuerdan mucho de mí. Precisamente hoy había soñado con ellos. 

(Cuanto que hablar del sueño de la noche, por cierto).

Lo primero que he pensado es «qué bonito es que haya personas en el mundo que de pronto, te mandan estos mensajes» ¡Qué afortunada me he sentido!

Es fantástico demostrarte que las personas son tan magníficas contigo como tu corazón se abra a ellas (y viceversa). 

Nada es casual -le decía a Annalisa-. La vida, por avatares, me ha traído aquí, a este hogar, el tiempo justo para haber podido nutrirme del amor tan bonito que se tienen y demuestran entre ellos.

Este mundo dual es completamente incomprensible, no tiene sentido. De hecho, si pretendes comprenderlo, es probable que solo te pierdas. Sin embargo, si lo miras desde dentro, con los ojos del pecho, todo hila perfectamente y cada capítulo sucede, efectivamente, para lo mejor de todas las partes implicadas. Perfección pura. 

Voy a preparar un postre asturiano para la fiesta. Me parece que es la manera redonda de unir dos lugares en los que mi camino se ha ido construyendo sobre bases firmes. Y celebrarlo con esta familia amiga tan preciosa, me parece la guinda del pastel y mi manera de agradecer tanto.

Mañana comeremos, entre otras cosas, lasaña y arroz con leche. Yo me encargo del arroz con leche, y en otro momento, lo haré de la lasaña. Creo que ya estoy preparada. 

Dos platos que se necesitan cocinar a fuego lento, con paciencia, excelente materia prima, y Amor del incondicional.

Y sé perfectamente de qué fuente puedo tener de todo eso en abundancia, esté donde y con quien esté.

Receta original del arroz con leche de Covita.
San Román. (Piloña).

Si quieres seguir leyendo…

San Román

Caleru

La misma

Cómo acceder a la información del sueño