Observar enseña mucho. Llevo años sin ver las noticias. Empezó como un experimento para cuidar mi cerebro y mi mente, y se ha convertido en un estilo de vida.

Lo que me viene bien, no lo dejo.

Desde marzo del 2020 he permanecido más firme que nunca en esta decisión de mantenerme al margen. Implacable. A veces era casi un juego imposible de lograr, pero más o menos, lo he ido consiguiendo, y ahí estoy. Casi lo primero que digo cuando veo que alguien me intenta poner al día de lo que sea, es: yo no veo las noticias, gracias. O cambio de tema sutilmente, como quien no quiere la cosa. 

He llegado a estar muy, muy fuera de todo lo que iban bombardeando los medios de comunicación. Era (y es) como estar dentro del mundo, pero no.  

Esto es lo que me permite dedicarme a lo que me dedico, si no sería del todo imposible. Y he seguido haciéndolo, he seguido observando. Ha sido impactante, la verdad. 

Lo que más me ha llamado la atención desde casi las dos primeras semanas, es lo fácil que es contaminar una mente no protegida y sin entrenar. Esto me ha alarmado y casi ofendido. 

Lo que se ha vivido y se vive es un claro lavado de cerebro.

El cerebro y la mente son muy maleables, si no se permanece consciente y presente. 

Esta idea del lavado de cerebro no quería tocarla demasiado porque como te digo, me ofendía, me daba pena, y no acababa de sacar el tesoro de esta situación. Así que lo he ido dejando ahí, en standby hasta que fuera el momento de entenderlo del todo. 

Hoy me he ido a pasear para ver si me inspiraba. Quería escribir en el blog pero no tenía claro sobre qué. He escuchado a personas por la calle hablando del tema recurrente. Me he vuelto a «mosquear». «¿Pero por qué nos hacemos esto?», me he preguntado. Luego me he quedado en silencio y he pedido verlo con otros ojos. Ver cómo podría ayudar a que la situación fuera a la inversa. Y me ha salido un silogismo de esos que estudiábamos en filosofía, ¿te acuerdas?: 

Si la mente es suceptible al lavado de cerebro ante el miedo, es susceptible al lavado de cerebro ante el Amor. 

¿No? Lógica aplastante. ¡Eureka, y a casa a escribir!

He vuelto de mi paseo rápido, con mi tema saliendo de los dedos casi antes de llegar al ordenador. 

Todo esto para decirte que lo que hoy te propongo es que te hagas un lavado de cerebro voluntario. ¿Mola, o no?

Si estás muy dentro del «berenjenal» quizás no lo veas como yo, pero créeme que lo he observado desde la cero contaminación (o cero con cinco, ¡va!) y he visto un cambio dramático en el pensamiento de las personas en solo dos semanas.

¡Dos semanas! ¿Te das cuenta de lo que eso significa?

Significa que si empleamos dos semanas en bombardearnos conscientemente nuestro cerebro con información elevada, información de valor, derivada del Amor, la armonía, la salud, la paz, la alegría, la abundancia, la prosperidad, la naturaleza, la sanación, la amistad, la libertad, el perdón, la dicha… ¿me sigues? Si lo hacemos, cambiamos nuestro cerebro, nuestra mente y, por supuesto, nuestra realidad. 

Podemos (y debemos) sabotear nuestro cerebro. Porque queda demostrado que se puede y es muy muy fácil. Solo se trata de hacer un 24/7 de mensajes con la misma temática, sin dejar espacio a nada más. Se ha logrado a nivel mundial y esta ha sido la técnica. Y eso nos da la ventaja de saber cómo manejar este órgano tan importante, nuestro cerebro. 

Mis propuestas son estas que te he traído, son solo algunas que se me ocurren, pero tú hazlo como sientas. El caso es que te bombardees y resetees tú, a ti. 

  • Busca en Youtube a personas que admires y te inspiren y escúchalas. Una y otra vez. 
  • ¡Libros! Hay millones de libros de despertar espiritual, amor, meditación, testimoniales, biografías… Lee, lee y lee. Tu cerebro come de lecturas. 
  • Conversaciones. Créalas sobre estos temas que te digo. Es muy divertido llevar la contraria y además, contagias pero bien. Habla en esta línea todo el tiempo, como si no hubiera un mañana. Es un lavado de cerebro, ¿no? Pues así funciona, ya lo has visto… 
  • Películas. Que sean de las que te hacen sentir bien, con ganas de vivir y energía. Que te rías y diviertas. Alegres. Inteligentes. Ligeras. 
  • Por supuesto, cierra a cal y canto tu cerebro a lo que no sea propio de este lavado voluntario que estarás realizando. No admitas ni media palabra, imagen, lectura, opinión… basura. Y con basura entiende cualquier información que te haga sentir mal. 

Y observa, sigue observando cómo se siente tu cuerpo, tu propia energía.

Date cuenta de la creatividad que se habrá hecho hueco en ti. Lo bien que dormirás. La agilidad que tendrás en tus pensamientos y en tus tomas de decisión. Y lo más importante, la libertad de ser tú quien moldea tu propio cerebro. 

(Sí, al final el «mosqueo» se me ha ido. Nada como escribirlo y descifrar qué quería decirme… Si te empeñas, el tesoro sale siempre 😉 ).

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