Te reconozco que me he resistido a este tema, mucho. Las limpiezas energéticas nunca estaban dentro de mis rituales, al menos en mi parte consciente, hasta que me sucedieron un par de anécdotas indiscutibles y tuve que tomar acción en ello. 

A veces necesitamos varios «toques» para enterarnos, yo por lo menos. Son muchos los bloqueos que no vemos o no queremos ver. Por miedos, historias… ya sabes. 

No somos el cuerpo físico que perciben nuestros ojos, somos mucho más y mucha más sutileza que todo esto de la materia «palpable». 

Esta semana, hablaba con las chicas del grupo de UCDM y les decía, «¿sabéis cuándo sé que lo que escribo va por delante de mí?, cuando no quiero escribirlo pero siento dentro muy fuerte un -escribe-escribe-escribe- que no me deja hasta que lo hago» y este es uno de esos casos. 

Y es que lo que te cuento hoy ha sido un «clic» importante para mí. 

En estos últimos meses que estoy viviendo tantos cambios y tan rápidos, como ya te he contado en anteriores artículos, he tenido casi a diario, un maestro o una maestra que me han dado claves gigantes para avanzar. 

Quien me ayudó en esta toma de conciencia me dijo, «además de ordenar fuera, y de ordenar la mente, las energías también se deben poner en orden». 

Y me pareció de una lógica aplastante, ¡cómo no lo había visto antes!

Ese día que recibí este mensaje con alguna de las pautas que ahora te compartiré, de otra persona «casualmente» implicada en el tema también, me lo explicó así «no es que las personas sean malas y tengan malas energías que te quieran pegar, es que no sabemos ni lo que llevamos ni lo que tomamos si no ponemos consciencia. No hay mala intención, pero a unos niveles que no manejamos, nos pueden afectar». 

Y también me gustó, porque sigo volviendo una y otra vez a mi teoría de la bondad innata del ser humano. Pero de alguna manera, conviene que nos cuidemos a todos los niveles y hagamos lo que tengamos que hacer.

Al ser algo que no capta el consciente, debemos usar otras vías que no son las mentales para estar en paz en todas nuestras capas.

No es protección, es limpieza y orden.

Y es que hay tanto que no sabemos… Yo, cada vez que avanzo, descubro que sé menos. Y cuando más descubro, menos otra vez. Así, hasta que decido que sé lo que sé, y que incluso eso, puede cambiar de hoy para mañana, porque esto es muy alucinante.

No tenemos ni idea de nada, y creo que es lo más genial de todo. 

Bueno, a los que vamos. 

¿Cómo podemos limpiarnos y limpiar nuestro entorno de trabajo o nuestro hogar? 

Hay tres millones de maneras, ya lo intuirás o lo sabrás, pero yo te comparto las que hasta ahora a mí me han venido de maravilla, con las novedades recién llegadas.

Importante: antes de hacer las limpiezas y después, ventila bien los espacios.

  • Quemar incienso: esta es de las costumbres que he creado de manera innata. Tener incienso cerca de mí y que llene todo el hogar o el lugar de trabajo (en mi caso, imprescindible). Por cierto, incienso de buena calidad. 
  • Velas: velas encendidas traen luz. En este caso lo hago casi desde pequeña, siempre me he sentido muy atraída por las velas, y en los últimos tiempos, me ha dado por comprarlas blancas. Me van bien. Ni sé el motivo.
  • Fregar el suelo con agua y vinagre: por lo visto desinfecta a otros niveles. Y la verdad es que cuando lo haces, lo notas. (Y la madera brilla más).
  • Darte baños o duchas con sal gorda: me aconsejaron hacerlo habitualmente, cada vez que lo sintiera. Y créeme que se siente. 
  • Agua de Florida: es una especie de perfume fresco y muy rico. Con unas gotitas detrás de las orejas o en la frente, son suficientes. Es limpieza pura. Viene de los chamanes y curanderos andinos y relaja cuerpo, mente y espíritu.
  • Y lo que más me resuena, el agua: vasos o recipientes de cristal llenos de agua en donde te encuentres. La he encontrado en templos budistas y siempre me daba paz verla tan limpia y calmada. También la usan los hawaianos con el ho’oponopono, la vi también en Cuba. Y siempre me daba paz. Se cambia cuando ves el agua turbia o llena de burbujas, puede ser una vez al día, o más. Según tú lo percibas. A veces, no hace falta más que una o dos veces a la semana.

Deberás estar muy sensible para poder notar todo esto, me doy cuenta que para mí es muy natural y no tiene porqué serlo para todo el mundo, pero lo sientas o no, hazlo. Como siempre te digo, como mucho, es inocuo. 

La persona que me dijo todo esto, me dio la enhorabuena por mi sensibilidad y que entendía porqué me dedicaba a lo que me dedicaba y además que por eso mismo, era importante que pusiera orden. Y nunca dudo cuando me llega un mensaje tan contundente. 

A veces sabes, y no sabes ni por qué sabes, y otras como te decía, te das cuenta de que cada vez, ignoras más. Y eso es que queda un gran camino por descubrir cuya genialidad aumenta por pisada. 

(Se me erizó la piel).