Y lo que niegas, te niegas, seguiría la frase. 

Siempre hemos escuchado que debemos tratarnos los unos a los otros como nos gustaría que nos trataran a nosotros mismos.

Una vez, en una clase un profesor nos dijo «tratad siempre a las personas como si en su frente llevara un letrero puesto que dijera quiero sentirme importante.»

Estas dos maneras de entender la vida abogan por vivir en un estado de bondad o de amor muy altruista, que no todo el mundo comprende, alcanza a ver o le apetece practicar.

Pero, ¿y si te dijera que realmente, físicamente, «cuánticamente», así como tratas a los demás, te tratas a ti mismo? ¿si te dieras cuenta de que cada gesto genuino que tienes con el mundo, lo estás teniendo contigo mismo y que además, el bienestar que recibes al optar por esta manera de actuar, es exactamente el mismo que la persona que lo «recibe»?.

¿No querrías al menos comprobarlo?.

Para poder entenderlo al principio intelectualmente, nos iríamos a la teoría del espejo de Carl G. Jung, que dice que no percibo la realidad tal y como es, sino a través de mis juicios, a través de mis carencias, porque las personas y el mundo con los que me comunico, me ayudan a ver aquello que me asusta de mí y escondo muy dentro.

«Todo juicio del hombre está limitado por él mismo, y todo modo de considerar las cosas es relativo.» C. G Jung

Además de querer verlo intelectualmente, requiere un estado de no resistencia, o de rendición (te invito a que lo repases en este artículo).

Hablo y escribo de temas que parecen muy complejos al principio, pero que te aseguro que si te pones a ello, no es más que un entrenamiento mental, una vez que adquieras ciertos hábitos, ya no habrá por qué esforzarse y saldrá solo. ¿El resultado? Paz. (¿Te has parado a analizar bien el significado de esta última palabra? No la tomes a la ligera.)

Imagina que tu pareja, tu hijo o tu mejor amigo te hace perder la paciencia por algo, tienes dos opciones, no darle paciencia o dársela. Si eres paciente con él, significa que en algún otro plano de tu vida, estás siento paciente contigo. Si te pararas a pensar por un instante, enseguida sacarías la parcela de tu realidad en la que no estás siendo paciente contigo y por eso lo ves fuera con exceso.

Si por ejemplo tienes que decir decir a alguien algo desagradable, imagina que te lo estás diciendo ti mismo (porque lo estás), ¿cómo lo dirías? ¿cómo te cuidarías? ¿qué te gustaría escuchar en una situación similar?, y hazlo tal cual. Luego experimenta tu emoción, a ver cómo es.

Es algo que solo se cree cuando se practica, por mucho que leas, si no te pones a ello, te sirve y nos sirve de muy poco.

¿Cómo pasamos a la práctica?

Te propongo un juego, intenta mantenerlo durante una semana, con la intención puesta en cada día.

Ponte una alarma por la mañana que te lo recuerde y aprovecha cada vez que te encuentres con alguien para hacerlo. No te estoy pidiendo ñoñerías, te estoy pidiendo que juegues y experimentes. La vida es una consecución de pantallas, mira esta entrada si quieres profundizar en la idea.

Es amarte, sin cursilerías. El amor no es cursi, pero nos hemos hecho ver que sí lo es.

El amor es muy poderoso, y nos creemos que amarnos es hacernos la manicura o darnos una comilona. ¿Cuánto te dura esa satisfacción? Piensa.

En una semana te vas a encontrar con muchas ocasiones para practicarlo, y además las que sean más propicias para ti en ese momento.

«La hipótesis de la casualidad, resulta del todo inadmisible.» C. G Jung.

Cada noche, puedes reflexionar acerca de cómo lo has ido viviendo. Y vuelve a lo mismo a la mañana siguiente, ¿qué me falta?, pues ese día voy a darlo a todo el mundo que creo que le haga falta. ¿dinero? doy dinero. ¿tiempo? doy tiempo. ¿cariño? doy cariño.

Y si en un semana lo has mantenido, prueba dos. Lo que vas a experimentar, es adictivo.