He conseguido hacer dos kilómetros y medio caminado en la terraza de mi casa. Todo un logro. Hoy ha sido un día un poco más especial, es domingo y se nota. En los demás tejados (me gusta llamarlos así) había vecinos tomando en sol, corriendo en cinco metros cuadrados… Algunos hacen estiramientos. Los más cercanos nos hemos saludado e incluso mandado ánimos. Hemos bromeado sobre la creatividad que despierta esta situación. ¡En una de las terrazas había hasta una persona en bicicleta! La gente es genial. 

He pasado tres días literalmente (o casi) del revés. De repente no podía dormir bien y me despertaba con los ojos como un búho a las cuatro de la mañana. Luego, conseguía «maldormir», y transcurría el día como transcurría. A ratos genial, a ratos «¡ay la que me viene!».

Siempre he creído o he notado que dormir poco te lleva a tu sombra directamente, y con ella me las he visto. Ayer, cuando la situación llegó a su máximo nivel, me pedí tiempo. Pausa. Y entré en silencio absoluto. Subí a la terraza, y como un pájaro que ahora no puede volar, me senté en lo más alto a lo que tuve acceso. Y me callé. Y todo lo que tenía que supurar, supuró. Algún vecino de enfrente me miraba en silencio en mi proceso, y notaba su cariño, de verdad que sí. 

Después de un rato, no sé cuánto, salí de allí donde me había ido, y la claridad volvió a llegar, poco a poco. Piano, piano… 

Hoy ya he dormido como un bebé. Estoy nueva (otra vez). Haciendo deporte en mi terraza, todo era diferente. En el tejado reinaba un estado de alegría. Hoy he sentido brotar ese Amor que hila todo de manera tan perfecta. Y entonces he comprobado que el trabajo en mí, ya estaba hecho. Y hasta la siguiente. Porque esto siempre sigue. 

A los tejados me llevé a mí, y llevé mis pensamientos. 

Durante una de las cuatro meditaciones que compartimos este sábado vía Skype, me vino una imagen de un brazo ayudando a subir gente por una escalera. Era mucha gente y el brazo tiraba de todos con fuerza y rapidez. La escalera llevaba al cielo. Y, a pesar de que en ese preciso momento yo estaba lidiando con lo mío, supe que todo estaba bien y que la única opción es seguir limpiando. Que no me equivoco en el sentir que me dice que debemos elevarnos lo máximo posible, y ahora más que nunca. 

Quizás estamos trayendo el nuevo cielo a la Tierra sin saberlo. Lo cierto es que esta situación es un «quebranta-egos». Nos está rompiendo por completo. Y eso duele.

Pero no te asustes. Ve de cabeza hacia eso que estás sintiendo y déjalo salir. Es la hora de hacerlo y es el momento perfecto para ello. Todo se te facilitará de la manera más cósmica que puedas imaginar. Llegará la frase, la lectura, el cariño… 

Ayer en mi terraza, en un momento en el que me había mimetizado con las plantas que había a mi alrededor, me vino una idea que me llenó el Corazón. Resulta que ahora, estamos más unidos que nunca porque ahora sí que no existen las distancias. En estos momento, como compartí en la meditación, estamos igual de lejos o de cerca, vivamos donde vivamos. Y ahora, estamos aprendiendo a comunicarnos con el Corazón, seamos conscientes ya de ello o no. 

Observo a la gente de los tejados, de las ventanas, las terrazas y con una simple mirada nos estamos diciendo todo. Nos estamos Amando quizás todavía sin conocimiento de la magnitud que ello supone. Y esto para mí es la mayor recompensa para mis momentos de limpieza interior. 

Sube tu mente y tu corazón a los tejados, y toma esa mano que se te tiende. Es momento de confiar y caminar, pero de caminar hacia arriba y con decisión. Y no te preocupes en absoluto por ver tu debilidad, porque la maravilla de todo esto es que el planeta entero nos encontramos en la misma circunstancia que tú. Ahora tienes más compañía que nunca para iniciar tu regreso a ti. Aprovéchalo.