Trabajar en lo que amas es un regalo en todo momento, y cada vez que escribo en esta sección del blog lo experimento y doy las gracias al día en el que dejé que esta idea tomara forma, ya que me abre las puertas a tener una charla interesantísima con alguien a quien admiro y del que aprendo infinito.

En esta ocasión es Laura Pérez Fernández, dueña y fundadora de Lolina Vintage Café (entre otros).

Cuando vine a vivir a Madrid, no sé cómo descubrí el Lolina Vintage Café, supongo que paseando. Desde el primer día se convirtió en un lugar para mí de visita casi periódica, por todo, no sabría explicarte; la gente estupenda que trabaja allí, el ambiente, los muebles, las notitas que se dejan en los cajones de las mesas, los clientes, la música, la energía, los cafés… ¡todo!.

Justo cuando la idea de crear un blog empezaba a «martillearme» la cabeza, entendí que si quería seguir con mi proyecto adelante, debería ver la manera de conseguir ingresos extras y así continuar, entonces me pregunté, ¿dónde me encantaría trabajar? estaba claro, en Lolina.

Dicho y hecho, parece increíble, pero es así, todo se vuelve sencillo cuando estás conectado contigo y con tu sueño. 

Esto es fluir, tomar decisiones y dejar que pasen, si tienen que pasar. Y aceptar que si no lo hacen, es por un bien mayor que aún no somos capaces de ver ni de entender.

El periodo en el que estuve trabajando coincidió con el embarazo de Laura, así que creo que pude verla en un par de ocasiones y muy rápido. Me apasiona la mente genial de la gente que es capaz de crear lugares como Lolina y tenía pendiente conocer un poco más a fondo cómo surgió todo.

Hoy ya no trabajo en Lolina, pero gracias sin duda a mi paso por allí y a una serie de circunstancias, tengo mi blog, mi proyecto ha avanzado exponencialmente y he conocido a gente de verdad increíble, que ahora forman parte de mi vida.

Laura y yo nos reunimos en Lolina, ella dando de comer a su niño, yo tomando un té, y empezó a contarme su historia.

Cuenta que venía de un mundo profesional y académico muy diferente al que tiene ahora.

A los veintidós años, estaba con sus padres y hermana en Verona, cenando en un local que le estaba encantando y de repente dijo en alto «voy a abrir un restaurante». Se ríe cuando lo recuerda, su padre le dijo que no era el momento y que siguiera formándose.

Se marchó a Londres a hacer un master, allí trabajaba como camarera.

¿Lo ves? No era el momento, pero su proyecto ya empezó a cobrar forma; ser, hacer y tener.

Allí, en ese trabajo dice que aprendió todo acerca de la hostelería. Formación que se le iba añadiendo a su camino.

Después, trabajó en puestos relacionados directamente con sus estudios de marketing, y a pesar de gustarle mucho, se sentía encerrada entre cuatro paredes, envidiaba el rol más libre del camarero.

Su mente tiene la creatividad a flor de piel, y necesitaba crear a toda costa, así que empezó a escribir un blog sobre sus visitas a Ikea (dice que siempre le gustó y se le dio muy bien la decoración), sin ninguna pretensión más que divertirse y expresarse, y sin darse cuenta tuvo miles de visitas y suscriptores.

El éxito te llega cuando no lo esperas y sobre todo cuando buscas divertirte. 

El otro día leía una frase de Richard Branson, fundador de la discográfica Virgin, que decía que parte de su éxito se basa en que nunca ha parado de sentir que está jugando como un niño.

Llegó una época para Laura de cambio, fue despedida, acabó la relación con su pareja, dice que estaba hundida, y entonces decidió montar su primer bar, “el Naranja”.

Casi siempre, ante un gran cambio o una gran decisión hay un encuentro con tus miedos, solo entonces, una vez superados, eres capaz de enfrentarte a la siguiente “pantalla” de tu vida. 

El Naranja se convirtió en un bar de reuniones culturales; había monólogos, conciertos (fue Russian Red por ejemplo, cuando aún no era muy conocida), exposiciones…

Ocurrió algo en la vida de Laura, murió su tía Lolina, alguien a quien ella quería mucho, entonces encontraron el local en el que ahora está su café. Ella y su actual marido decidieron hacerle un homenaje a su tía, poniéndole su nombre, decorándolo con parte de sus muebles y dándole el estilo de su juventud, los sixties.

Imagina la dosis de cariño y amor en el proyecto cuando se lo estaba dedicando literalmente a alguien tan importante para ella.

Me acuerdo el primer día que trabajé allí, Inés Blanco, quien es la encargada, me dijo «Bea, aquí cada café que ponemos o cada tarta la servimos con amor, con cariño y cuidado, eso es lo principal». Allí entendí el «ingrediente estrella» que me enganchó.

lolina-interior

Ahora lleva abierto 9 años y fue bien desde el primer día. Hace nada publicaba en su fb que les acaban de dar el premio a la excelencia. No podía haber sido de otra manera.

Le pregunto qué recomendaría ella a todos los que personas que pensasen en abrir un negocio o emprender un sueño. Y contesta sin dudar, «hacerlo con alegría y pasión, querer a todos los que trabajan contigo, tratar a la gente como te gusta que te traten a ti, saber que si lo ves lo puedes hacer real, y si no, tampoco pasa nada, de verdad que no.» (Desapego total del resultado igual a éxito).

Una vez llamaron a Lolina Vintage café, el Magnolia de Madrid. Y es que Lolina, de alguna manera influyó en el ambiente actual de Malasaña. Nada pasa por azar.

Happy day (ya franquiciado y traspasado) y Vacaciones son otras de sus creaciones (junto con Mario, su marido).

Laura tiene una energía, un vitalidad y una creatividad sorprendentes, y dice que no cambia ni por un minuto su vida. Y sabe, que es algo al alcance de todos.

Podría estar escribiendo horas acerca de ella, pero eso a lo mejor lo dejamos para otro post. De momento, te invito, si no lo conoces, a que te pases a visitar y a contagiarte de Laura en el Lolina Vintage Café, en la calle Espíritu Santo, 9 de Madrid.

¡Espero que lo disfrutes tanto como yo!.