Hoy, el espacio de Un martes cualquiera… va dedicado a una mujer, que además de admirarla, forma parte de mi círculo de amistades, por lo tanto doble satisfacción.

Penélope Loya, cambió de forma radical su vida, para dedicarse a trabajar en su Dharma, en su pasión más honesta, la práctica de Yoga.

Trabajaba como diseñadora de moda para una firma de ropa infantil.

Dice que durante mucho tiempo sintió mucha presión, estrés y frustración hasta el punto de ya no saber si le gustaba o no diseñar.

En el momento en el que nuestro inconsciente nos quiere decir “no estás donde debes estar”, empieza a incomodarnos nuestra situación, al principio de manera sutil para ir subiendo de intensidad.

La intensidad que necesitemos para realizar el cambio dependerá de nuestro aguante, lo cierto es que somos tan testarudos que somos capaces de soportar la mayoría de las veces demasiado.

En ocasiones, la intensidad de los avisos de nuestro inconsciente nos lleva hasta una crisis, depresión o enfermedad. No es necesario que así sea y no fue el caso de Penélope quien antes de que llegara a tal extremo su malestar, tomó medidas valientes para ello.

Desde que conozco a Penélope la recuerdo “incómoda” sabiendo que no estaba dónde debía pero sin dejar de preguntarse ¿hacia dónde voy?.

Puede que la respuesta no sea inmediata, pero si te dejas guiar, de una manera u otra, te llega.

¿Cómo sabes que es tu Dharma lo que te está llamando y no una actividad simplemente placentera?

Para mí ésta es la diferencia. Si te ibas de viaje con Penélope, mientras los demás dormíamos o desayunábamos, ella se buscaba un rincón para hacer Yoga. No lo perdonaba.

Y cuando le pones tanto Corazón, aquello a lo que estás llamado, viene a ti. Es inevitable.

En uno de sus viajes de empresa a China, viajó a Bali a hacer un curso de Yoga, conoció a gente de todo el mundo que se dedicaba a viajar sin más. Y la semilla de los viajes y del yoga quedó plantada en ella, sin remedio.

Cuando regresó a España ya no era la misma. Dice que en el momento que aterrizó rompió a llorar como una niña pequeña.

Se empezó a plantear seriamente cambiar de vida. Pensó en irse a Francia, como diseñadora de moda, allí tendría más oportunidades.

Pero la idea no acababa de cuajar, en el fondo sabía que no era ese su camino.

A veces ocurre, que queremos cambiar y pensamos que el cambio ha de ser de país o de empresa, cuando el cambio que nos está naciendo es mucho más radical que todo eso, es una respuesta a tu Corazón, con todas las consecuencias. Morir para volver a nacer. Tal cual.

“En la vida no hay nada mal hecho ni bien hecho. Solo tienes que ser tú.” Me dice Penélope mientras me cuenta que finalmente decidió irse a la India a estudiar Yoga Tantra Tradicional. Empaquetó para dos meses pero en el fondo sabía que serían más.

Todo comenzó a tomar forma cuando se rindió a su pasión y dejó de ponerle razón.

La razón (o ego) siempre te va a mandar por el camino más conocido, el que aparentemente es menos peligroso a sus ojos y el que solo tiene una perspectiva del YO. El Corazón sin embargo, de miedo e individualidad, entiende poco.

Cuando dio el SÍ al Universo, éste le respondió con fluidez.

Después de 3 meses de práctica de este tipo de Yoga no se sentía preparada para dar clases ni era lo que buscaba y seguía sin saber qué debía hacer, sin encontrar la paz absoluta.

Tu Dharma te llama no solo para que tú te realices, sino para que lo pongas al servicio del resto del conjunto. Es en este momento cuando hallamos la plenitud.

Fue de voluntaria a un retiro en Tailandia donde tuvo la oportunidad de dar sus primeras clases de Yoga. La segunda clase que impartió fue su certeza de estar por fin haciendo lo que de verdad deseaba.

Cuenta que de repente se vio frente a 50 mujeres sonriéndole al amanecer mientras terminaba la clase, y supo entonces que había encontrado aquello que por otro lado, siempre estuvo allí.

Uno de los gurús que visitó en sus viajes le dijo “tienes que ser un master en algo, lo que sea y luego compartirlo.”

Sigue viajando por el mundo. Tiene tantas sincronías que no podría enumerarlas.

Cuando nos vimos vía Skype para el artículo estaba en Guatemala feliz, dando clases de yoga y colaborando en un proyecto de diseño de ropa con mujeres del pueblo. Después viajó a Chiapas (México). Ahora está en Oaxaca, continuando con sus estudios, aprendiendo el camino del Corazón espiritual, después ¿quién sabe?.

Tiene confianza en el Universo. En la conexión que ha descubierto. Desconoce hacia dónde se dirige ni cómo se van a ir dando los siguientes pasos, la mayoría del tiempo tiene la certeza de que todo está bien y lo más importante, ha encontrado un sentido a su existencia.

Suena trascendental y complejo y sin embargo, lo complicado es vivir desconectados de nuestra Verdad.

Ojalá te haya provocado mucha incomodidad leer su historia, eso querrá decir que el “bichito” ya te ha picado, entonces ya solo será cuestión de tiempo (y acción).

Namasté.