Una vez me preguntaron: «¿cuál es tu posesión de mayor valor?».

En ese momento ya estaba a tope con mi vida minimalista, deshaciéndome de todo y a gran velocidad, movida por un impulso que me impedía parar, y me dije: «¿posesión de mayor valor?, pero si cada vez poseo menos». 

Me quedé en blanco por unos instantes. Instantes que me hicieron cuestionarme quiénes somos sin los objetos que nos rodean. 

¿Dónde quedamos? ¿Cómo nos definimos sin nada fuera a lo que agarrarnos? 

¡Vértigo!

Y pronto lo vi claro.

Mi posesión más valiosa era mi experiencia vital.

El vértigo se transformó en Amor. 

Yo no sé si elegimos el camino o el camino nos elige. No sé nada, y cada vez sé menos.

Solo sé que este camino es perfecto y hermoso incluso en las horas más oscuras. Porque todos los movimientos que haces en él, te acercan un paso más a la luz, tu Luz.

Nada es casual. 

Y también en el camino, con las perspectiva suficiente y el Amor necesario para ver con claridad, agradeces cada uno de los hitos que te han llevado donde ahora te encuentras. 

Y te ves, te observas realizando ese viaje, y amas la inocencia con la que diste cada uno de los pequeños o grandes pasos que han creado tu experiencia. 

Sí, nuestra experiencia vital es oro. Y deberíamos agradecérselo a los protagonistas de nuestra historia. A todos sin excepción. De hecho, deberíamos abrazarlos e invitarlos a algo. En plan «¡hey, colega! Sin ti no habría llegado aquí».

Ellos también son oro para para mí. 

A veces, en mis meditaciones, vuelo a algún momento en el que mi «Yo pasado» cree que tiene dificultades, y desde la observación le doy ánimos, y le digo que confíe y continúe. Yo estoy fuera, disfrutando de su crecimiento, como quien ve una película que sabe que termina genial. 

Veo su inocencia y sus ganas eternas de ser su mejor versión. Y en ese momento la abrazaría fuerte, y creo que lo hago. 

No sé, quizás sea gracias a esos mensajes que me dejo, que siempre, en cada una de las «dificultades» que he creído atravesar, tenía la certeza de que todo estaba bien. Quizás esos mensajes me llegaban. Y quizás sea tan sencillo como eso. 

Te digo que yo cada vez sé menos… 

Solo puedo asegurar que sea como sea la situación que estás viviendo, lo estás haciendo lo mejor que puedes y sabes.

¡Eres divinidad! De los pies a la cabeza. Perfección absoluta.

No hay nada de lo que te tengas que arrepentir ni que hubieras podido hacer mejor. ¡Lo has bordado! puedes tener seguridad de ello.

Sé que estás dando el cien por cien de lo que puedes dar. También sé que da igual el escenario que veas ahora frente a ti, porque detrás de toda la «obra» que te has montado, hay un tesoro increíble esperándote.

Y este tesoro sí es tu posesión de mayor valor. 

Es tu experiencia vital. Tu huella digital. Eso que te hace un ser único, que no especial, sino único. 

Irrepetible. Inimitable. Insuperable. 

Único. 

*

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