¿Te has planteado alguna vez que, a no ser que seamos conscientes de ello, siempre estamos observando la vida, las personas, las experiencias y situaciones con ojos del pasado?

Párate un momento a analizarlo. Elige cualquier escenario nuevo de tu vida y dime si está o no impregnado de creencias y vivencias pasadas.

¿Qué consecuencias trae?

Que tu pasado se convierte en tu presente y, por lo tanto en tu futuro.

Cada nueva situación es potencialmente capaz de expresarse de infinitas posibilidades pero, si nuestra mirada la está limitando a lo que ya ocurrió, colapsamos lo que estuviera por venir.

Es como si ya marcáramos su destino sin ni siquiera contemplar que hay otra manera de que sucedan las cosas.

Pensamos, sentimos y creamos, ya te sabes el camino. Aquí puedes ampliar la idea.

Una persona sana es capaz de mirar a su pasado y sentir únicamente gratitud por la perfección con la que todo se dio.

No hay que irse a temas muy trascendentales. Por ejemplo tienes miedo a los perros, ves uno y automáticamente se te enciende la alarma. Pero, ¿a qué perros tienes miedo? puede que tuvieras una experiencia fatal con alguno en tu infancia o que tu familia o tu entorno te haya transmitido ese rechazo, el caso es que cuando tú ves un perro en este presente, no le estás viendo a él, estás viendo todas las ideas preconcebidas, creencias y experiencias que asocias a la idea de “perro”.

¿Eres libre? Ni un poquito.

Cuando hablo de libertad me refiero a la única que es posible y es a la libertad de tu mente. 

No somos libres cuando no vemos la pureza e inocencia de lo que hay delante nuestra. Estamos mirando sin ver.

Es como si lo que sea que tenemos en nuestro presente estuviera lleno de etiquetas y esas etiquetas condicionaran la experiencia que tengamos con ello.

La intención que te propongo hoy necesita de tu presencia porque si no estás presente, será muy difícil que tomes conciencia de esas etiquetas de las que te hablo.

Te comparto un ejercicio que es muy revelador.

  1. Elige cualquier experiencia de tu vida, que sea relativamente nueva. Nuevo trabajo, nueva relación, nueva amistad, nueva formación… lo que sea, incluso nuevo sofá.
  2. Ahora  obsérvalo y trata de poner perspectiva. Sé primero consciente de que no lo estás viendo tal y como es y luego pregúntate qué ves en ello de tu pasado. Imagina que es el sofá. Te puede recordar a uno de unas vacaciones con unos amigos, o al que tenía tu madre en su casa, puede que de repente vengan a tu memoria muchos recuerdos asociados a todo lo que crees ver del sofá, algunos serán alegres y otros igual dolorosos.
  3. Decídete a dejar ir todo lo que te ha llegado. Puedes escribirlo, leerlo y quemar el papel (así el inconsciente interpreta que ya se ha ido) o puedes entregárselo a esa parte Superior nuestra que está esperando echarte una mano cuando se lo pidas. Simplemente medita unos instantes y pide que se deshaga todo ese pasado para poder ver el presente tal y como es. Has de entregar con precisión la etiqueta que hayas descubierto.

El presente es inocente, limpio. Ser capaces de sentirlo así nos permite ver, ser conscientes de la vida que pasa a través nuestra y dejar que se exprese en su más elevado potencial.

Imagina una vida en la que nada está escrito y que puedas ir creando con tu mirada, tu propio guión, sin pasado.

Este juego de vivir consiste en ir quitando de nuestra mente todo tipo de confusión, oscuridad, “basura”, que nos impide ver. Entonces cualquier situación que se nos presenta es perfecta para ello, y a base de quitar una y otra vez “maleza”, llega un momento en el que, de repente, vemos.

“Uno no alcanza la iluminación fantaseando sobre la luz sino haciendo consciente la oscuridad… lo que no se hace consciente se manifiesta en nuestras vidas como destino.” Carl Gustav Jung