Hay un espacio en el que todo es posible, este espacio es lo desconocido. Está justo a un instante. El instante justo después del momento presente. Ese. En ese lugar, todo puede suceder. A mí nunca me ha decepcionado. Me siento muy cómoda en él. De hecho, si no es en «lo desconocido» me aburro un poco, la verdad. No, no… ¿qué digo? ¡me aburro bastante! 

Lo desconocido genera adicción, porque la magia que despliega es muy palpable.

Estamos constantemente creando nuestra vida con nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestra vibración. Si siempre emitimos toda esta información con la misma frecuencia, por lógica pura, repetiremos una y otra vez los mismos escenarios, las mismas situaciones y experiencias. 

Esto quiere decir que si no estamos creando desde lo desconocido, es que estamos creando desde lo conocido, en otras palabras, desde el pasado. Por lo tanto, nivel de sorpresa y diversión «cero» (o «cero con algo» pero poco más…).

Nos cuesta mucho permanecer en este territorio desconocido porque nuestra tendencia es al control. El control y el apego a los resultados. Sí, eso también. 

Esta entrada del blog iba a hablar de la ley del desapego, pero en el paseo por el río que me he dado esta tarde, pensando precisamente que cómo me gustaba la idea de no saber qué iba a suceder un instante después, he tenido muchas ganas de extenderme sobre ello. Aunque, la ley del desapego tiene mucho que ver con esto también. 

Creo que nuestro principal objetivo desde que nos levantamos es ordenar nuestra mente y nuestras emociones. Y, parte de este «ordenar» es soltar y soltar. Cuanto más soltamos, menos sabemos qué sucederá después, y más amplio es ese espacio desconocido del que te hablo. 

¿Por qué crees que a la gente le gusta tanto viajar? Porque están en lo desconocido. Por eso los viajes suelen estar llenos de magia y sincronías. Y la gente, como es normal, se engancha a ello. 

Sin embargo, lo desconocido se puede provocar siempre. Es un estado interior. Una manera de posicionarnos en la vida. El no esperar nunca cada de nada ni de nadie, hace que la vida siempre nos sorprenda para bien. Porque no estaremos encasillando nada ni eligiendo una o dos opciones de las infinitas que hay. Y todo lo recibido, será un regalo.

Si por ejemplo, nos levantamos por la mañana y no somos conscientes de nuestros pensamientos, empezaremos el día planeando todo, basado en experiencias y emociones pasadas. Haremos lo mismo a lo que nos hemos acostumbrado durante años. Y tendremos los mismos resultados que hemos vivido siempre. ¡Un rollo! lo que te decía al principio. ¡Ojo! Aunque todo vaya «bien», ¡un rollo! porque no habrá ni un poquito de aventura y magia en el día a día. Todo previsto… (¡ay!).

Como seres en constante creación que somos, si creamos desde ese espacio desconocido, podremos acceder a todo lo que nuestra imaginación sea capaz de concebir. 

En lo desconocido no hay límites de ningún tipo. 

Es tener delante nuestra siempre un «¿quién sabe qué o cómo sucederá?» y, por supuesto, disfrutar en ello. Hay que tener un poco de espíritu aventurero, pero yo creo que todo el mundo viene con él de serie… (antes de la programación, claro).

En lo desconocido hay que estar con la mente abierta y el corazón muy elevado. Disfrutando como cuando éramos peques de simplemente estar y ser.

Cuando trabajamos sobre al ley de la atracción y la manifestación, muchas veces (si no la mayoría) pinchamos porque no aguantamos sin controlar, y entonces todos nuestras visualizaciones y ejercicios que hayamos realizado, se van por dónde fueron creados. 

En el espacio desconocido podemos lanzar nuestros deseos, y luego olvidarnos de cómo sucederán.

Hace mucho que no intento convencer a nadie de todo esto, porque he aprendido que no es la manera.

No hay mejor camino que el de la propia experiencia. 

El sábado pasado estaba tomando un aperitivo con un amigo. Pedimos vino y una tabla de embutidos con queso. Cuando los estábamos comiendo, le dije que cómo echaba de menos el jamón serrano. Todos mis respetos al prosciutto. Como de lujo cada día. ¡Más que de lujo! Pero… el jamón serrano… ¡lo echaba de menos, vaya! 

Durante un instante de la conversación, saboreando el que nos habían puesto, me di cuenta de que ese era en realidad muy parecido, nunca lo había comido tan rico aquí. Y por un solo micro segundo me imaginé que era jamón. Y dentro de mí supe que antes o después, estaría disfrutándolo. No sé, no tenía ni idea de cómo pero lo supe. Me sonreí, mientras seguíamos hablando de ello por un rato más. 

Y como lo supe con tanta claridad, el lunes recibí de parte de un amigo de Madrid, un paquete sorpresa de jamón y lomo que ¡se te caían las lágrimas de lo bueno que estaba! Lo que además, me dio para celebrarlo y compartir con amigos en casa. Otro aperitivo. Esa noche teníamos puesto Paco de Lucía de fondo. Los amigos que venían a casa eran de Italia y de Alemania, y quería que tuvieran ambiente de España, y así gozarán más los embutidos. Debajo, en mi calle, empezaron a tocar en vivo guitarra española. Al mismo tiempo. Casi al mismo ritmo. Salimos corriendo a verlo. Fue una noche increíble en mil aspectos.

Todo esto sé que me lo trajo un instante de lanzar un deseo sencillo en lo desconocido. Sin expectativas. Sin nada más que disfrute, y con ganas sinceras de compartir.

Yo, por dentro, solo agradezco cada día más toda esta magia que nos envuelve. Que contada no es lo mismo que vivida ¡ni de lejos! Hay mucho. Cada día daría para libros enteros.

No, hace mucho que no intento convencer a nadie. Solo quiero expandirlo. Eso sí. Es algo que no te puedes guardar. Aunque el ejemplo suele ser lo más evidente para todo el mundo, sobre todo para quienes te rodean y te acompañan en el camino. 

Esta otra conciencia desplegada es muy poderosa y está muy accesible. Ahora es el momento, sin duda.

Tal y cómo digo hace años desde que más o menos voy entendiendo algo, la vida es un sueño que al hacerlo consciente, se puede convertir en todo lo que nos atrevamos a soñar. Todo. 

Yo, los límites, no soy capaz de verlos pero por ningún lado, además. 

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Gracias por compartir

Sobre la autora

Iba a decir «escritora» pero en realidad me considero sencillamente adicta a la creatividad y a la necesidad de expresarme. Y escribiendo, sacio bien estos impulsos. Otra de mis adicciones es que todas las personas conozcan su poder interior. Y juntas mis adiciones, hacen muy buena combinación. Melómana sin remedio. Gran fan y acompañante de la meditación en grupo. Y coach de proyectos de Luz.

MI VISIÓN
Un mundo de personas despiertas y conscientes viviendo en armonía.

MI MISIÓN
Que todas las personas del planeta descubran la dicha de vivir desde su propósito y lo pongan al servicio.

Estoy en transformación constante y en estos hitos me encuentro hoy. Mañana ¿quién sabe?

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