Hoy quiero retomar el que considero el tema central de esta metodología que llevo todo este tiempo trabajando.

Te ves a ti a través de mí, o lo que es igual, percibes tu interior a través del mundo exterior. 

Si por un solo instante te rindieras a este punto de vista, te darías cuenta de que es claro y evidente, y te preguntarás cómo es que no lo sabías ya. (El caso es que lo sabemos, solo hay que recordarlo).

Antes de que alces un muro en contra de esta teoría, te voy a citar algunos de los beneficios que tendrás al tratar de observar el mundo desde otra perspectiva:

  • Libertad. Ya que descubrirás que nada externo a ti te puede dañar, sino que te da exactamente lo que tú te das a ti mismo. Tendrás la libertad de añadir o eliminar desde tu interior.
  • Comprensión. Vas a entender tu vida, tus circunstancias y en la comprensión está en gran parte, la reparación de heridas o errores de percepción pasados.
  • Tendrás menos miedo al conflicto. Ya que verás que es algo que tienes que dejar ir en ti, si hay un conflicto exterior, limpias el interior, y a lo siguiente. (Llevarás una piedra menos en tu mochila inconsciente).
  • Aumentará tu sentimiento de unidad cuando por fin tomes conciencia de que formas parte de todo y todo forma parte de ti. Eso es Amor, es Compasión. De repente, la existencia cobrará sentido verdadero.

Esta forma de entender la vida es aplicable a personas, circunstancias, situaciones, escenarios, conversaciones, obras de arte… todo. Todo es un reflejo tuyo. 

¿Qué quiere decir? Que no veo nada como es realmente sino que lo veo bajo mis filtros, con mis prejuicios, con mis conflictos, con mis traumas, mis culpas, mis errores, mis…

Si vivo en un mundo hostil, ¿cuánta hostilidad hay en mi interior?. Si vivo en un mundo corrupto, ¿cuánta corrupción hay en mi vida? (esto al ego le machaca, pero sé más astuto que él), si vivo en un mundo agresivo, ¿cuánta agresividad tengo conmigo?… sigue hasta donde consideres.

Nunca lo vas a entender en la teoría, pero sí en la práctica. Piensa en el primer conflicto que se te ocurra y trata de verlo como te sugiero.

El ego te va a decir ¿y yo qué tengo que ver con la corrupción política por ejemplo?, bien… ¿no te llevas folios de tu oficina?, ¿no haces fotocopias a escondidas?, ¿no tratas de conseguir libros gratis?, ¿no robas dinero en tu empresa con horas de trabajo dedicadas a las redes sociales?… La corrupción no depende de la cantidad.

¿No crees que es hora de darnos verdad?.

El exterior colectivo es nada más y nada menos que el interior colectivo.

Eso de “sé el cambio que quieres ver en el mundo” se refiere a esto precisamente, o lo haces desde ti o no es viable. El cambio de conciencia parte desde dentro, si de verdad quieres ver un mundo mejor, sé un mundo mejor. 

Te invito a que leas este post acerca de los juicios que nos hacemos para reforzar esta idea.

¿Quieres saber cómo empezar a experimentarlo?, estas son mis sugerencias:

  • Piensa en alguna persona de tu entorno que esté pasando un conflicto, el que sea, y escribe todos los consejos que le darías. Después, aplícatelos tú en el área que más te resuene.
  • Ayuda a resolver alguna dificultad a alguien. Ayúdale de verdad, implícate y da lo mejor de ti. La ayuda que le des a él, te la darás a ti también, es algo inmediato.
  • Describe a esa persona que admiras, y detalla todo lo que ves en ella que anhelas, que crees inalcanzable. Esa lista, está también en ti. Si no, no serías capaz de reconocerla. Acéptalo. Sus cualidades son tus propias cualidades, aunque aún estén latentes. Abre la puerta a su expresión.
  • Reflexiona en un solo escenario de tu vida cotidiana en el que estés teniendo problemas, pregúntate “¿para qué?” tantas veces como haga falta, “¿para qué?”… ¿para darme valor? date valor, ¿para respetarme? respétate, ¿para escucharme? escúchate…
  • Intenta encontrarte en cada una de las personas con las que te cruces o con las que interactúes. Mírate en sus ojos, vas a alucinar cuando te veas.

“Hasta que usted haga consciente el inconsciente, éste dirigirá su vida y usted lo llamará destino.” C. G. Jung