En la vida te enfrentas a miles de situaciones a diario. Conversaciones, encuentros, cruces fugaces… nada es casual. En cada uno de estos instantes, tenemos la libertad de decidir cómo experimentarlos. Y ese es, parte de nuestro siguiente paso evolutivo. 

Hace mucho tiempo (ya años y me parece mentira) que insisto en algo, y es en que dentro del pecho tenemos un poder que es capaz de transmutar todo en un solo instante, con nuestra mera intención. 

Creo que el año pasado, en Instagram vi una ilustración de no recuerdo quien, y era un niño con un rayo de luz inmenso que le salía del corazón. Él usaba este chorro como «arma» y decía algo así en tono de humor: «ja, ja, ja, contra esta Luz nadie puede». Me hizo reír, porque es verdad. 

No existe nada externo a nosotros que necesite nuestra defensa porque no hay tal ataque.

Nos estamos enfrentando una y otra vez a nuestras propias proyecciones y es por eso que tenemos el poder de fabricarlas y a la vez, de deshacerlas con solo tomar la decisión de ello. 

Hay un ritual de Jodorowsky que me encantó cuando lo leí en su Manual de Psicomagia. Decía algo así:

Si tienes alguna conversación con alguien y sientes que este alguien te ataca, cuenta las veces que lo hace y luego, compra rosas blancas y por cada ataque que creas haber recibido, le regalas una, y le dices: «te regalo este ramo en agradecimiento a todo el amor que me tienes». 

¡Le adoro! Este Jodorowsky es sencillamente un genio. 

Desde luego, con algo como esto, das la vuelta a cualquier enajenación mental transitoria que te haya hecho pensar que lo que TÚ eres, puede ser atacado. 

Yo no lo hago así. A mí me divierte mucho más comprobar cómo cambia todo en el mismo nanosegundo que lo decido en mi interior. Esa es el avance más importante del salto evolutivo del que te hablo.

¿Es fácil? 

Sí. Tan fácil y natural como respirar. 

Solo necesita que juegues a ser quien observa. También que no te creas nada de lo que ves (¿no me digas que esta idea no mola?). Que no lo juzgues ni lo estanques, es decir, que no des por hecho que algo (lo que sea) no puede cambiar. Que siempre uses el Amor como respuesta. Y usar el amor como respuesta puede dar lugar a algo súper creativo (y divertido).

Esto de «poner la otra mejilla» no tiene que ver con «ser un panoli», tiene que ver con decirte «esta vez elijo bien y respondo a lo grande».

Y aquí se encuentra lo bestial. 

Usar el amor ante cualquier situación desmonta todo.

Es una gozada, es casi sentir un éxtasis interno. Es probar y comprobar que hay una energía que es de verdad ilimitada y que en efecto, sería capaz de cualquier cosa si nos abandonáramos a ella. Y lo más potente; es darte cuenta que tu realidad, la creas tú. 

Sentir este Poder interior es algo para lo que no hay palabras. Dar este salto evolutivo es mi propuesta, y darlo ya.

Cuando lo compruebas, cuando haces materia lo que decides conscientemente, y  pones en manos de esta parte elevada de nuestro interior todas tus decisiones, sabes con certeza (sin nada que lo pueda medir ni demostrar a tu alcance pero lo sabes) que hay una fuerza enorme que te rodea, que tiene un impacto y un alcance muy superior al que ni siquiera puedas imaginar, y que en ese estado y desde este punto, no existe nada que pueda frenarte ni detenerte. 

Para llegar a ello, yo siempre considero estas premisas:

  • No existe nada externo a mí.
  • No entiendo lo que veo.
  • Siempre hay otra manera de interpretar mi realidad.

Hemos venido a recordar quienes somos. Y eso que somos nos trae este mensaje, mensaje que cada vez es más compartido:

El amor siempre es la respuesta. 

No es naif. Es el paso evolutivo que estamos atravesando. Y te va a llegar, por delante o por detrás, pero te va a llegar. 

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