Sé que este tema incomoda. Sobre todo a las personas que no han encontrado ni buscan su «para qué». 

La respuesta suele ser que «somos suficientes con lo que somos. Que no tenemos que hacer más. Que con ser felices con los nuestros… y bla bla, tenemos bastante». Y yo digo, no te lo crees ni tú. 

No te lo crees ni tú porque sé que quienes responden así, están o bien en crisis existencial completa y diaria, o bien eludiendo una llamada que tienen interior, vete tú a saber desde cuándo. 

Todas las personas tenemos un «para qué», una misión que cumplir por aquí. Lo que sucede es que se sabe que si atendemos a esta llamada, nuestro mundo se va a desmoronar por completo.

El «para qué» nos va a exigir salirnos de lo normal de manera directa. Ninguna persona puede cumplir con lo que se le pide desde dentro, sin romper esquemas fuera. Son dos acciones incompatibles. Y romper esquemas fuera, supone más de lo que nadie se imagina. Solo se ve cuando se está en ello. Pero también te digo que es incomparable con nada que se te ocurra. Irremplazable. Inmejorable.

Este mundo está incompleto si cada una de las piezas que lo componen, no cumple con la parte que le corresponde hacer. 

No es solo por el hecho de servir, porque asumo que hay gente para la que puede no ser atractiva la idea. (Lo cual no entenderé nunca, pero eso es asunto mío).

Es sobre todo el hecho de que es el mecanismo perfecto con el que el ser humano, funciona y encuentra su plenitud. 

Es todo un proceso en el que entras cuando encuentras tu «para qué»: el sentido de tu existencia, el motivo por el que te hallas aquí y ahora. Tu misión de vida.

Cuando esto sucede, de pronto se convierte en una prioridad absoluta que te va a llevar a iniciar un viaje que jamás querrás abandonar, por nada de este mundo. Por nada. Porque sabes que si te lo pierdes, te pierdes a ti por completo. Y eso no es opcional para quien ha encontrado su ruta a seguir. 

Este atracción ineludible hacia la materialización de tu «para qué» te va a hacer superarte a unos niveles que no soñabas poder ni tan siquiera oler. Y esto es algo que deberá suceder a diario, si de verdad quieres que tu «para qué» se haga real. Y te aseguro que lo querrás. 

Por lo tanto, a cada paso (y en un día pueden darse 1.000), estarás superando a tu versión anterior. Estarás expandiendo tu poder interior. Tu mente será cada vez más fuerte y clara. Tus emociones no podrán contigo jamás. Serás tú quien lleve los mandos. Habrás aprendido a ponerte siempre y bajo cualquier circunstancia en primer lugar, porque tu «para qué» te lo va a demandar a cada segundo.

Ese es el trato. «O te aprendes a poner dónde te corresponde o no me vas a alcanzar por más que te esfuerces». En este caso, como en casi todos, es o estás o no estás. No hay juegos de «voy y vengo», ni puntos medios. Los puntos medios no pueden darse si quieres lograr tu «para qué». 

Cada vez que alguien me dice: existen los grises. Yo pienso y digo, ok. Conmigo no cuentes. 

Cumplir con tu «para qué» va a necesitar de ti todo (todo) tu poder. Toda tu acción. Tu energía, corazón, mente, cuerpo y alma. Todos tus recursos y estos, tienen que estar al máximo nivel posible, siempre. 

Recuerdo llamadas a la acción en mi vida desde muy pequeña. Tengo imágenes de mí con igual 6 años, pensado en sobre esto sola en mi habitación. Otro día en 5º de EGB, que nos vinieron a presentar diapositivas con diferentes proyectos de colaboración en el mundo y yo me quedé del todo enamorada con la idea. Muchas veces sufriendo, porque nunca he entendido ciertos comportamientos. Ni los entenderé ni por supuesto, aceptaré jamás. 

Y todo esto ha estado machacándome dentro hasta que atendí su llamada. 

En estos años de proyecto y décadas de formación, experimentación, exploración y búsqueda constante, me he visto en situaciones que solo las he podido trascender porque mi «para qué» me seguía llamando a cada minuto. Y hacia allí miraba y caminaba. Nunca me ha dejado de «torturar» su insistencia. Ni lo deja de hacer. Y en los últimos tiempos, es mucho más fuerte. 

Y eso me ha hecho corroborar la teoría demostrada de Viktor Frankl, que dice que solo quienes tenemos nuestro sentido de existencia, sobrevivimos a las grandes crisis. Quienes no, palman. Así de brusco lo digo porque así lo descubrió él mismo a través de su propia vivencia. (Leed su libro, «El hombre en busca de sentido»). 

Ya lo escribía en Instagram hace unos días, parte de mi «para qué» es que las personas encuentren el suyo, porque sé la importancia vital que tiene y porque además, el Mundo, nuestro mundo, necesita todas sus piezas en movimiento y colaborando por su mejora constante. 

Amo demasiado al organismo del que soy consciente que soy parte, como para no continuar dando llamadas a la acción por todas las vías que se me ocurren. (Súper-ando, es la más reciente de todas). Y es que lo que ves y sientes con claridad, no lo puedes frenar. Ni lo intentas. 

En un mundo de personas conscientes, no existen las excusas. 

Saltar cada día de la cama con la misma pregunta en la cabeza: «¿cómo puedo mejorar el mundo hoy?», y hacerlo.

Superarte tantas veces cómo haga falta para lograrlo.

Dejar tus pequeñeces detrás y enfocarte en tus grandezas.

Vivir una vida de valor, en el más amplio sentido de la palabra.

Y no creer jamás que este trabajo lo va a hacer nadie por ti. El mundo, lo cambias tú. 

Y sí, primero hay que cambiarse desde dentro. Yo eso me lo sé. «Cuando era joven soñaba con cambiar el mundo y ahora que soy mayor, quiero cambiarme a mí». Bla, bla…

Quienes escriben y dicen estas cosas, también hacen. Suelen ser líderes, gente que ha creado un gran impacto en el mundo, y personas que han trascendido lo que no está escrito ni dicho. No gente que se sienta en una piedra y suelta esta frase. 

Ya lo he dicho. Es un proceso en el que primero, tú tienes que ponerte dónde te corresponde, y saber tu valía. Saber Quién eres. Eso es cambiarte a ti. Y después, toca currar. Mucho. 

Dime una sola persona del mundo que haya hecho algo significativo y lo haya logrado a medio gas (…).

Encontrar tu «para qué» te va a hacer superarte, descubrir lo ilimitado de tu poder interior, conocer tu verdadero funcionamiento, saber quién eres, tener sentido de existencia y saborear una dicha constante y adictiva, que no podrás jamás volver a ignorar.

Es un mecanismo perfecto, me dirás que no.

Gracias por compartir

Sobre la autora

Iba a decir «escritora» pero en realidad me considero sencillamente adicta a la creatividad y a la necesidad de expresarme. Y escribiendo, sacio bien estos impulsos. Otra de mis adicciones es que todas las personas conozcan su poder interior. Y juntas mis adiciones, hacen muy buena combinación. Melómana sin remedio. Gran fan y acompañante de la meditación en grupo. Y coach de proyectos de Luz.

MI VISIÓN
Un mundo de personas despiertas y conscientes viviendo en armonía.

MI MISIÓN
Que todas las personas del planeta descubran la dicha de vivir desde su propósito y lo pongan al servicio.

Estoy en transformación constante y en estos hitos me encuentro hoy. Mañana ¿quién sabe?

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