¿Por qué cuando te juzgo a ti, me perjudico mí?

¿Es Karma? Muchas corrientes lo denominan así. Te ofrezco otra perspectiva, que al final, habla de lo mismo y pretende llegar a una similar reflexión.

El juicio es como un boomerang que vuelve, según lo lanzas.

“Aquello que me horroriza de mí, lo veo en los demás.”

Con esta frase podríamos resumir la Teoría del Espejo de la que nos habla Carl Gustav Jung, y tantas otras metodologías y filosofías.

Del 100%  de nuestra psique, un 95% es pura conciencia, puro amor incondicional, pura Inteligencia Superior.

Yo lo veo como un vaso de un agua cristalina, limpia e inocente, que pertenece a un gran océano, pero por razones en las que ahora no entraremos, nos hemos olvidado de ello.

En ese agua, a lo largo de nuestras vidas, hemos ido arrojando porquería, suciedad, hasta enturbiarla tanto que nos es muy difícil reconocer aquella pureza genuina que nos viene “de serie”.

Este “lío mental” nos da pavor, pero nuestro inconsciente, que solo pretende nuestra estabilidad y nuestra paz, se revela una y otra vez para que sanemos todo lo que no somos capaces de ver desde el plano egoico.

Aquello que permanece oculto a nosotros, es lo que Jung denominó nuestra sombra, y fíjate ¡qué manera de limpiar aquello que no vemos en nosotros, tan sabia!, a través de nuestras relaciones con los demás. Más sencillo imposible.

Pero, ¿estoy dispuesto a ello?

Este cambio de perspectiva requiere aceptar que nadie me hace nada a mí, ni bueno ni malo, sino que yo me lo hago a mí mismo, a través de los demás.

Cómo cuesta,  ¿verdad?

Y retomando el tema del juicio. Si seguimos observando la vida desde este punto de vista, cuando juzgo a alguien ¿a quién estoy juzgando? La respuesta es clara.

Entramos en juicio y esta es la mayor baza del ego. Aquí, si no conseguimos mantenernos alerta, perdemos la partida, con las consecuencias que conlleva.

El circuito del juicio es el siguiente; emito un juicio hacia alguien, me culpo por ello porque el 95% de mi Ser es puro amor y además, sabe que el juicio es una crítica que hago hacia mí mismo y tras la culpa que genero, me castigo por ello.

El castigo viene en forma de piedra en mi camino, sin más, cada uno se va poniendo sus propios obstáculos, a demanda.

El circuito del juicio es un bucle que funciona así: juicio- culpa- castigo.

Tenemos unos 60.000 pensamientos diarios, de los cuales la mayoría son juicios, hacia todo y hacia todos. Urge parar este error de la mente, si queremos conseguir la paz mental.

Y ¿cómo?

Te sugiero algunas técnicas:

  • Toma conciencia de cuándo estas emitiendo un juicio mental hacia alguien o algo, y páralo inmediatamente. Al principio es casi una lucha constante, después, poco a poco vamos modificando nuestras conexiones neuronales y generando nuevos hábitos, solo sé constante.
  • No hables de nadie. Habla de ti, cuenta tu vida, tus experiencias, tus deseos. Insisto, no hables de nadie, es la mayor trampa y el error más común.
  • Cuando alguien te irrite en exceso, para y piensa qué hay de ti en todo eso, aprende lo que esta persona o esa situación te están enseñando. Perdona, agradece y olvida.
  • Escribe, medita, pasea, busca soledad a diario. Conecta con tu Yo Superior para aumentar el volumen de su voz, y apaciguar las interferencias del ego.
  • Repite este pensamiento “nadie me puede hacer nada sin mi consentimiento”.
  • Sé observador de la película, no el actor principal.

Y recuerda, que no hay nada que esté bien ni esté mal. Las cosas y las personas simplemente son. Los baremos los marca el ego.

“Lo que de verdad necesitamos es un cambio radical en nuestra actitud hacia la vida.” Víctor Frankl