El tema de cobrar por lo que se hace es algo de lo quería hablar tiempo atrás, y ayer lo vi claro. 

(Los temas del blog van saliendo solos, sin que tenga que buscarlos. Maravilla).

Cuando empezamos con un proyecto propio, el que sea, aparece el primer miedo de todos, que nadie se libra de él; poner valor a lo que haces. 

Al principio, cuando tienes que poner un precio a tu trabajo, te sientes mal, mal en general. Te da vergüenza, hay culpa… muchas historias detrás del dinero, ya sabes. 

Y además, en esta parte del mundo, España, somos geniales y gente genuina donde las haya, pero nos sabemos vender más bien regular.

Tenemos una especie de «complejo» con eso, tal vez heredado de nuestra historia como pueblo, lo que sea, pero vamos a superarlo porque es un «sin sentido» que limita. Y ya sabes que siempre intentaremos trascender cualquier muro que se nos presente. 

Te advierto que esto que comparto hoy, solo se entiende de verdad si te has visto en la situación, como muchas cosas que ocurren que por más que te las quieras imaginar, hasta que no las vives, no las comprendes.

Si nunca has tenido que valorar en términos económicos lo que haces, es difícil que lo sientas como es. Por lo tanto, te pido empatía.

Cuando tienes que poner precio a lo que haces, ¿cuál suele ser el camino que seguimos?

Yo he observado varias respuestas erróneas:

  • Poner un precio muy por debajo de tu valor. Lo cual te habla de baja autoestima y la sensación que da a los clientes es de poca calidad. Además, quien lo hace, antes de lo que se cree, se va a enfadar consigo por tratarse así. 
  • Poner un precio muy por encima de tu experiencia y formación. Se debe partir de un principio de justicia para todas las partes implicadas y tener una visión clara de lo que ofreces y hasta donde llegas. Da igual que hoy sea menos de lo que pretendes, pero con el tiempo y tu formación constante, no tendrás ningún tipo de techo. Paso a paso. La coherencia es imprescindible. 
  • Hacerlo gratis por miedo a cobrar. Cuando lo haces gratis por esta razón, ni tú te comprometes con lo que haces ni quien lo recibe. Sobre todo en terapias y negocios parecidos. Siempre siempre siempre ha de haber un intercambio económico y señalo económico porque otros tipos de intercambio por ejemplo por horas de trabajo, en plan yo te doy terapia y tú me haces un diseño, no funcionan, no lo hacen. Comprobado.

En realidad, está bien cometer estos errores, porque tarde o temprano, se va a tener que hacer una reflexión para rectificar, y antes o después, se toma conciencia de ello. Eso es el crecimiento.

Para mí es muy importante estar en paz con todo lo que hago, al margen de los resultados, que por supuesto también queremos que sean óptimos. 

En el mundo en el que me muevo de escritura, terapias y acompañamientos, creo que debemos corregir bastante varias tendencias ya que hay un factor vocacional enorme, sin embargo lo cortés no quita lo valiente.

Y sé que es extrapolable a otras profesiones (música, ilustración, diseño, teatro…).

Por lo tanto, estas son algunas maneras para sentir seguridad y paz con el valor que le das a tu trabajo: 

  • El precio es para todo el mundo el mismo. Sin distinciones de rangos de amistad o familiaridad. Porque dime ¿dónde está el límite? Además, la base es que no hay nadie especial, sino que todo en mundo lo es, ¿ves? te va a ahorrar un montón de dilemas. 
  • Es imprescindible sentirte conforme con el valor que le das a tus productos, es decir, que de verdad sientas que es justo para ti por lo que ofreces y para quien lo recibe. Quedarse por debajo es tan malo como quedarse por encima. Además, es una forma de respetarse y respetar a tus colegas de profesión. 
  • Siempre se cobra, salvo que como creador o creadora de un producto, te des lujos de regalar lo que haces de vez en cuando a quien sientas. Esto para mí es algo que me permito y me encanta hacer, pero el cariz es diferente, no es gratis, es un regalo. Y la gente y tú os comprometéis con ello, que al final es lo importante. 
  • Puedes hacer promociones, pero que siempre sean reales e insisto, justas para ti y para quienes las reciben. Si dices algo, se cumple. Y no tienes que esclavizarte. A veces o casi siempre, menos es más. 

Esto de lanzarte al mundo a vender lo que creas, es toda una aventura, más de lo que se puede llegar a imaginar, ahora, a base de corregir un error tras otro, llegas a donde tampoco imaginabas. 

Y lo más importante, todo esto te lleva a experimentar una seguridad interna al respecto que ya es difícil que se desarme. 

Es un camino de valientes, lo digo y lo repito. Y todas las personas lo somos, solo hay que decidirlo.