¿Qué nos hace la vida para dejar de ser personas determinadas y coherentes? Personas que sabemos escuchar.

Cuando somos más jóvenes, en pleno comienzo del mundo adulto, te encuentras casi libre de miedos.

Recuerdo mi primer trabajo de verano, aún estaba en el instituto. Una de mis mejores amigas y yo decidimos ponernos a trabajar a través de lo que en esa época comenzaban a llamarse ETT’s, en una fábrica de manipulados.

Éramos adolescentes, y nos estábamos casi siempre riendo por todo. Un día, el que era «nuestro jefe» nos riñó y nos separó, nos gritó bastante, recuerdo. Aún así, no nos afectó lo más mínimo. Cuando acabó la jornada, nos dijo que «estaba muy enfadado con nosotras pero que podíamos volver el día siguiente», yo le contesté muy segura, que yo también estaba enfadada, que no era manera de hablarnos y que de ningún modo volvería allí.

A la semana siguiente ya teníamos un nuevo trabajo eventual, mucho mejor pagado y en mejores condiciones, sin duda.

Si te das valor, recibes valor. 

Después, al tiempo que hacía la carrera, trabajé durante tres años en unos grandes almacenes como vendedora. Llegó un momento en que me di cuenta que o salía de allí, o corría e riesgo de quedarme para siempre y no ejercer lo que era mi vocación entonces. Lo dejé, a la semana siguiente tenía trabajo eventual para seguir terminando mis estudios, mucho mejor remunerado, y dentro del ámbito educativo.

Si amas tu vocación, tu vocación te ama a ti. 

Mi primer trabajo como educadora tras la carrera duró también unos tres años, en ese momento empecé a tener la sensación de haber tocado «techo laboral» y algo dentro me decía que tenía que «abrir vuelo», la decisión ya me costó mucho más, pero finalmente la volví a tomar y me fui a una beca en la Universidad,  a hacer algo que no tenía nada que ver con lo mío pero que me dejaba tiempo para pensar qué hacer con mi crecimiento laboral.

Una semana después de empezar en este nuevo rol, decidí ir a ver a la orientadora laboral de la Universidad que, «casualmente», estaba al lado de nuestro despacho. La conversación derivó en que igual me apetecía probar el mundo de los RRHH. Días después, el Administrador de una consultora de RRHH, fue al servicio de orientación de la Universidad pidiendo la referencia de alguien quien estuviera dispuesto a formarse en su empresa, naturalmente, la orientadora le dio mi nombre, y comencé a trabajar en los RRHH.

Si decides seguir creciendo, sólo has de poner la intención para ello.

Todas estas experiencias son un ejemplo de tomas de decisiones en función de tu coherencia, que se ven reafirmadas al instante. Pero llega un momento en la vida en la que el miedo se apodera de ti y nos alejamos de nuestro centro, dejamos de prestarnos atención, desconfiamos. Somos incoherentes.

Coherencia es pensar, sentir y hacer en la misma dirección.

Hace una semana lo hablaba con una persona que tenia la misma sensación, me decía ¿qué nos hace la vida?. La respuesta, yo la veo clara. Miedo. Nos aterrorizamos. Y nos bloqueamos.

No es cuestión de tener rachas de buena o mala suerte, es cuestión de haberse escuchado y haberse hecho caso.

Siempre ocurre así, recuerda si no las decisiones que hayan sido más difíciles de tomar y que finalmente hayas tomado tu favor, ¿cuál ha sido el resultado? favorable, seguro.

Nunca debemos hacer nada que nos produzca miedo, pero nunca debemos dejar de escucharnos y permitir estar en una situación que no nos haga felices la mayoría del tiempo. No se trata de llevar una vida hedonista, consiste en intentar siempre, por todos los medios, serte fiel, cuidarte y creer en ti, y por supuesto, creer en la Vida, que siempre te ha demostrado que lo único que pretende es que estés tranquilo, en paz.

Si no arriesgas, no sólo no ganas, sino que además pierdes. 

«Tienen éxito porque creen que pueden.» Virgilio.