¿Cuál es una de las sensaciones principales que tienes cuando trabajas?

El ser humano ante todo quiere sentirse productivo, pero va más allá, ¡busca serlo!

Y cuando una persona, de manera inesperada, pasa a formar parte de la lista de desempleados del país, atraviesa diferentes fases.

Para empezar, seas o no seas optimista puedes estar en shock y recolocación ante la nueva situación.

Tus reacciones pueden ser diferentes:

  • Buscar trabajo al día siguiente.
  • Salir de vacaciones a reencontrarte contigo mismo
  • Enfadarte y no entender
  • Bloquearte…

El caso es que, tras un tiempo digamos «nadando» en el ese mar de la reubicación, decides posicionarte en el rol de «persona desempleada».

Cuando hablo con quienes llevan ya unos meses en esta nueva realidad, todas y cada una de estas personas, al tratar su malestar, coinciden en puntos similares. La idea que tienen de sí mismas es un autoconcepto muy bajo, por encontrarse «excluidas» de la rueda a la que han pertenecido hasta el momento de ruptura.

¡Se han creído su rol completamente!

Ya lo tienen integrado en sus células. Y es que una de las frases que siempre repiten es «¡me siento inútil, necesito trabajar ya de lo que sea!».

Y yo les digo… perdona, ¿cómo? ¡Si ya trabajas!

Esta percepción, muy lógica en un paradigma en el que la realidad es interpretada desde fuera hacia adentro, nos da autoimagen de velero movido por un viento y unas mareas que no sabemos hacia dónde nos llevan, cuándo va a ser el próximo accidente o si tocaremos tierra de nuevo o no.

¡Total, nosotros no gobernamos el timón!

Por lo tanto, hasta que el viento no cambie y me diga; «ya vuelves a pertenecer al sistema, ahora trabajas» mi rol es de desempleado, es decir, me dedique a lo que me dedique durante mi día a día, no le aporto valor porque no estoy en la lista «correcta».

Vamos a verlo ahora desde dentro hacia afuera.

De repente en mi navegación aparentemente tranquila aparece una tormenta «inesperada», igual ya había nubes que la anunciaban pero yo no me había percatado.

Tras la lucha por mantener el barco a flote, mi sorpresa no me ha permitido vencer la situación… en ese barco que cada persona considera exclusivo porque cada barco, mar, océano o río es particular de cada individuo, puedo pasar un tiempo reparándolo, achicando agua, volviendo a colocar las velas, considerando los daños producidos… Pero tras este periodo, mi intención es hacer el velero moverse, volver a establecer un rumbo, una dirección, unos objetivos y empezar a navegar… intentando esta vez, permanecer un poco más en la observación ante posibles inclemencias del tiempo.

Nadie diría que ese barco está «parado», ¿no? De hecho, es imposible que lo esté… aunque la persona que lo maneja, puede decidir dejarse llevar por la corriente, desanimarse y delegar su destino al viento… el barco sigue en movimiento, consciente o inconsciente, pero continúa avanzando. Solo puede anclarse si se decide expresamente, nada ni nadie lo ordena, únicamente quien conduce.

Ahora, cuando nos encontramos en situación de desempleo, ¿quién te puede decir que no trabajas?

Una vez haya pasado la sorpresa que nos ha llevado a la nueva situación, comenzamos a diseñar una nueva ruta, buscando formación, asesoramiento, rehaciendo nuestro CV, igual dándonos la oportunidad de crear nuestro propio proyecto.

Muchas de las personas que dicen sentirse mal ante la situación de desempleo, están trabajando en la construcción de su nuevo camino más horas incluso que las que trabajaban en sus oficinas o sus anteriores roles.

Entonces ¿es objetiva esta apreciación?

Si la principal dificultad que una persona en desempleo encuentra cada día es el sentirse al margen del sistema, cambiemos las normas y la perspectiva ¿no?, porque solo estarás al margen si tú así lo consideras. 

Puedes haber pasado a formar parte de otra lista de personas, nada más, en realidad tienes una oportunidad increíble de reinvención y esto, son muchas horas de trabajo, ¡coticen o no!.

Si cada día lo vives desde estos prismáticos, cada vez tendrás un mayor control de ese barco, serás más excelente en la navegación y pronto sabrás cuál es tu próximo destino, nada ni nadie te podrá decir que durante el proceso, no has navegado un largo recorrido, aprendido de las inclemencias externas, desarrollado competencias antes inimaginables y conquistado nuevos puertos.