La vida es un baile… pero tienes que dejarte llevar, solo entonces lo disfrutas. Bailar es en parte, fluir.

A veces pensamos que al estar “conectados con nuestra esencia” nos protegemos por completo de todos los sucesos que aparecen en nuestra realidad, a los que nosotros llamamos obstáculos, conflictos o problemas.

Todo eso sigue estando ahí, seguirá pasando, no lo niegues. Hacer de “avestruz” te servirá por poco tiempo.

La pregunta es ¿sabrás llevar el ritmo que la vida te marca? o más allá aún ¿estás dispuesto a confiar en tu “pareja de baile”?

Siempre defiendo lo mismo pese a cualquier dificultad que parezca presentarse, la vida es fácil, incluso cuando no lo es, es bonita incluso cuando no se aprecia su belleza, es ligera, incluso cuando pesa. Sólo hay que seguir el ritmo.

Ser íntegro. Ser coherente. Y sobre todo, saber disfrutar de las fiestas que hay preparadas para ti, esperando a que de una vez por todas descubras que lo que ves, no es una batalla en la que peligra tu vida, ¡es una pista de baile!.

Imagina que estás en una gran sala de baile, en la que la música cambia a capricho, a veces puedes predecir la próxima canción, otras te llega por sorpresa. En esos cambios de ritmo, permítete tropezar las veces que haga falta hasta que vuelvas a sincronizar con el son, no pasa nada, puedes hacerlo tantas veces como sea necesario, pero trata de no marcar tú el paso y disfrutar del baile, de la música y del ambiente.

La vida es una fiesta en la que tú eres el anfitrión, sólo hay que seguir bailando y contagiarte de la atmósfera que hay preparada para ti y tu disfrute.

Pasamos el tiempo tan aturdidos, preocupados por aprender “nuevos pasos”, mirándonos los pies para evitar pisarnos, que olvidamos lo más importante, que es divertirnos.

Nos lo creamos o no, la vida sólo nos pide que nos relajemos y nos lo pasemos lo mejor que podamos. Dejar de negarnos la felicidad, una y otra vez.

Es impresionante los laberintos que inventamos para no ver lo más evidente, que es toda la abundancia y paz que hay para ti, ahora, en el instante que desees dejar de luchar contracorriente y hagas un buen uso del famoso concepto de “fluidez”, que no consiste nada más que en confiar y saber escuchar-te. Aceptar y trascender.

  • Cuando un paso no te salga, repítelo cuantas veces haga falta y déjate ayudar por tu “compañero” de baile.
  • Si te tropiezas, pide un descanso, el que consideres, y vuelve a intentarlo cuando estés de nuevo preparado.
  • Permítete de vez en cuando, cerrar los ojos y “volar”. Siente la magia del momento.
  • Evita estar demasiado rígido, a veces parece difícil, pero toma conciencia cada vez que te bloquees y vuelve a “soltar tensión” para que sea más fácil la danza.
  • ¿Por qué no? solicita de vez en cuando a la “banda” que toque una canción que tú conoces, con la que te sientes cómodo y que te encanta repetir en determinados momentos. Disfruta también de lo conocido, no es todo salir de la zona de confort. Es una esclavitud igualmente. Hay momentos en los que tranquiliza mucho saber que ese recurso estará ahí como “área de descanso” cuando lo requieras. Y recuerda, no tienes la obligación de “negociar” nada más que con tu “pareja”. No des tantas explicaciones.
  • Haz lo que quieras, es tu fiesta, no lo olvides. Y baila como si no te miraran, en realidad ¡no lo hacen! así que ¡disfruta!.

Vas a tropezar mil veces, y vas a gozar otras mil. El camino hacia uno mismo no es pensar que nunca ocurrirá ningún contratiempo, es saber que todos esos obstáculos van a enseñarte a “bailar” sin miedos, y con total deleite. Sólo déjate ir y ¡qué no pare la música!.

“No es porque las cosas sean difíciles por lo que no nos atrevemos con ellas; es porque no nos atrevemos con ellas por lo que son difíciles.” Séneca