No sentía que llegara el momento de escribir por aquí y lo he esperado con paciencia. Hace mucho, ya me lo habrás oído o leído mil veces, que no hago nada que no sienta de verdad. Y lo de escribir, para mí es tan sagrado, que tiene que ser movido por unas ganas tremendas de hacerlo, si no, no tiene Gracia. Y ¡heme aquí, con ellas! Re-evoluciónate, es mi motor para lo de hoy.

El transcurso que hago es el siguiente; una idea para compartir se me cuela o me nace (o lo que sea) y empieza a darme pequeños toques interiores, hasta que los toques son mayores (y diría casi que muy pesados) y ya no me deja otra opción que sacarlo fuera. Amo este proceso.

El proceso creativo es misterioso y adictivo por igual. 

Re-evoluciónate. Esta la palabra que me golpea una y otra vez desde hace semanas. Hace poco la compartía en el grupo de Facebook, Cambio de paradigma. Hablaba de mi pequeña re-evolución silenciosa en todo este movimiento cósmico que estamos atravesando.

La escribía, acompañando un post en el que compartía un proyecto precioso de un huerto urbano (y salvaje) que se ha creado en un parque del centro de Roma. Le han dado vida personas adultas y niños y niñas, de manera espontánea, en comunidad y haciendo un poco de caso omiso a las dudas de si se les permitirá o no hacerlo. Lo han creado y punto. 

Ahora y de momento, ese parque me pilla en mi ruta de los paseos que suelo hacer por las tardes. Siempre me gusta ver el Coliseo, y se encuentra en pleno camino.

Cuando me dispongo a pasear, salgo de casa con la intención de conectarme con el Corazón, inspirarme para lo que quiera llegar y crear un buen espacio de silencio interior. De Paz interior. A la altura del parque que te cuento (a unos 10 minutos de casa) suelo estar ya muy ligera energéticamente. Y el paso por ese lugar me hace sentir, pensar y decir siempre; «¡Así, sí!». 

Es un pequeño (gran) hecho simbólico esto del Orto dei Bambini (el huerto de los niños). Sencillo.  Pero bestial cuando lo sientes bien. 

Mi re-evolución consciente en este tiempo tiene que ver con muchas cosas. Tiene que ver con haber aumentado el foco en mi interior y no dejarme nada por sacar a la luz (o al menos intentarlo) para pulir todo aquello que sea necesario en cada momento. (Se me han presentado oportunidades, no te creas).

También está relacionado con permanecer muy (pero mucho) poderosa ante este bombardeo de miedo, que se encuentra por donde caiga en mirar con mis ojos duales.

Tanto es así que no consiento que me contamine ni un poquito, como dijo una vez Emma, una mujer que conocí dando un curso de desarrollo personal en Madrid y se ha convertido en maestra/alumna/guía. No lo consiento, con todas las consecuencias y bajo ningún precepto. Es un compromiso muy consciente el que he hecho conmigo misma para lograrlo, tanto y tantas veces como sea necesario reforzarlo. Tengo mucha voluntad. Y la voluntad lo es todo. 

Pero en especial, tiene que ver con algo increíble que he recordado o quizás reforzado. Tiene que ver con que esta re-evolución a contracorriente, supone nuestra propia evolución como organismo. 

(Te hablo de mí y de mi experiencia, ya sabes).

Nunca me he visto expuesta a estas cantidades de incertidumbre, hostilidad, miedo… y nunca me he sentido tan cuidada por el Amor que sustenta todo esto. Ni tampoco he sentido nunca como ahora lo hago, una evolución de mi Ser tan magnífica. 

A mí, los caminos que acompaño, me gusta caminarlos primero. Esta afirmación suena a guasa pero no tendría por qué ser así. Pues lo es. Y a día de hoy, a «no sé cuantos» de que toda esta bestialidad se disparara, te puedo asegurar que soy infinitamente mejor que antes. «Mejor» entendido como una mejor versión. Una versión actualizada, vaya. Y he hecho solo lo que te comparto. 

No podría ni siquiera enumerar todos los cambios que he experimentado.

Siento borbotones de gratitud por tantas revelaciones interiores y tantas sincronías (una detrás de otra, porque esto va cada vez más rápido). Y ahora puedo afirmarte (más aún porque el volumen se ha subido a tope) que la clave es ir a contracorriente, es decir, re-evolucionarse con lo que en apariencia vemos. 

El cambio que soñamos debe empezar en nuestro interior.

¿Cuántas veces lo hemos leído?

Tenemos una oportunidad de oro para crecer. Porque está sucediendo sí o sí. Y cuanto menos luchemos, antes lo veremos con nitidez. Pero estar, ya está ocurriendo.

Lo bueno de la sobre-exposición a cualquier cosa, es que tras un tiempo, deja de tener impacto en quien la recibe. Así sucede con el miedo. Pero el miedo es muy audaz. Cambia de forma y de color para pillarnos por sorpresa. Sin embargo, es inocuo con quien se ha decidido a Re-evolucionarse. 

Decídete. El número de quienes se han sumado aumenta por latidos. Y a este tsunami, ya no hay miedo, por muy disfrazado que esté, que lo pare. 

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