Desde que he llegado aquí, el tiempo va por completo a otro ritmo. Duermo como un bebé (un bebé que duerme bien) y cuando como, los alimentos que tomo saben más y mejor que nunca. Es el sabor del ahora. En este periodo además, estoy aprendiendo a recolectar.

Algo ha ocurrido según di el salto, y es que mi mente está aún más clara. Supongo que unida al entorno que disfruto a diario. 

Estoy trabajando muchísimo, más centrada e inspirada por minutos en mi camino, y a la vez siento este tiempo como «el descanso merecido de la guerrera». 

Este lugar es para crear y ya he aprendido a aprovechar todo lo que cada situación me trae y me dice que haga, así que estoy creando pero bien. 

Cada día me suelo dar un paseo o dos y de tanto pasear, ya voy conociendo a la gente de por aquí.

Son todas personas sencillas en el mejor de lo sentidos. Me abren sus casas y me dan conversaciones sinceras e improvisadas. 

Cuando estuve hace un par de meses en Copenhague, me llamó la atención que la mayoría de los daneses iban sonriendo por la calle, y es lo mismo que ocurre con los asturianos que me cruzo. Es sin duda el efecto de rodearte de la naturaleza. 

Ayer en uno de mis paseos, una mujer estaba en su jardín arreglando las flores y mientras, cantaba a su perro que parecía que la escuchaba. Era una escena de película, sin embargo estaba ocurriendo, no había ensayos ni cámaras. Es una Vida de película. 

Este fin de semana estuvimos hablando con una mujer encantadora y dicharachera que nos dijo algo sabio y a tener en cuenta; «aquí se come cuando se tiene hambre y se duerme cuando se tiene sueño hasta que te apetezca, y así con todo».

Siento que estoy tomando nota de cada detalle que veo, escucho o experimento y son todos regalos que cada día, cuando me acuesto, se van grabando en mí para insertarse en mi ADN. 

Estoy decidida a recolectar toda la sabiduría que tenga a mi alcance.

Cuando voy al campo, sin premeditarlo ni forzarlo, observo a los insectos y animales con los que me voy cruzando y todos y cada uno de ellos, tienen un tesoro para quien lo capte. 

Creo que la naturaleza nos conecta con lo que de Verdad somos. 

No pienses que estoy haciendo campaña para nos vayamos a vivir al campo, porque no lo siento así. Amo de igual manera la ciudad.

Sé que hay momentos para todo, sin embargo sí que urge que conectemos de nuevo con la Madre Tierra, y luego, después de que nos haya recordado lo que se nos ha ido olvidando, lo llevemos a nuestra propia vida que es igual de maravillosa en la hierba como en el asfalto, porque la Vida es Vida. 

Es lo que te digo, recolectar lo que ella nos ofrece.

Hoy cuando me he levantado, le he contado a Inés (quien me hospeda y con quien comparto este trozo de camino), «¿sabes lo que he dicho en alto esta mañana nada más despertarme y sin darme cuenta?»

¡¡¡Gracias, joder!!! 

Esas han sido mis primeras palabras de hoy. 

Así habría que levantarse siempre, con un gran «¡gracias, joder!».

Siempre me he negado a lo contrario.

¡Niégate! 

Porque esto de Vivir y permitírselo es una maravilla más allá de toda expectativa. Y es muy grande.