Unos pocos días antes de que se anunciara el inicio de la cuarentena aquí en Roma, dimos un paseo muy largo por el centro de la ciudad. Estaba comenzando nuestra reinvención.

Yo acababa de salir de un proceso creativo intenso, que me había tenido concentrada más que en mi vida. (Te cuento esto porque si normalmente estoy fuera de todo lo que hablan las noticias en los medios de comunicación tradicionales, en ese momento estaba en otra galaxia por completo).

Recuerdo ese paseo con cierta confusión, porque no entendía muy bien qué ocurría a mi alrededor.

El Trastevere estaba casi vacío y a nuestro paso íbamos encontrando locales cerrados, tiendas, bares, restaurantes… Intentamos ir al cine y acababan de colgar el cartel de «hasta nueva orden no abriremos». 

La sensación que tuve era como si un castillo de naipes se estuviera desmontando ante nosotros. Una sensación muy extraña, pero cubierta de una paz que tampoco sé describir. Con un «confía en el proceso» de fondo. Y confío. 

Acabó la cuarentena (con las inmensas transformaciones interiores que hemos atravesado), y volvimos a salir a la ciudad. Me mantuve todo lo observadora que pude. Y observé dónde se encontraba el sufrimiento de la mayoría de las personas. Lo hallé en el deseo de que todo volviera a ser exactamente como antes. 

Sé que para que mis palabras puedan llegarte, te necesito con la mirada más allá de lo que ahora puedas creer, o ver.

También sé que es duro. Duro de caminar, y de aceptar. Y lo sé porque llevo hablando de este tema el tiempo suficiente como para conocer las respuestas más comunes que me han dado. Pero aún así, voy hacia adelante con ello. 

Tampoco este es un discurso positivista y naif. Es un discurso basado siempre en una mirada, como te digo, más allá de la forma que tenemos frente a nuestros sentidos del cuerpo (muy limitados, por cierto). 

Siento que aún quedan muchos movimientos globales.

Desde luego, nunca hemos experimentado un salto evolutivo así. Tan solo nos estamos poniendo al nivel de lo que se abre paso. 

La idea del artículo de hoy es compartirte una palabra que desde hace semanas me llega una y otra vez: reinvención. 

El otro día, alguien ponía por las redes sociales: «¿y si borramos todo y empezamos de cero?». Es una idea cada vez más compartida.

Durante este tiempo he hablado con personas de negocios que quizás no vuelvan a abrir. Con otras, que al volver a su proyecto pasado se han dado cuenta de que no les motiva más. Algunas han perdido sus trabajos o los perderán.

Sin embargo también he hablado con gente que durante este periodo vivido o ahora mismo, están centradas en nuevas creaciones. Nuevas ideas. 

La verdad es que (y aquí todo el mundo estamos de acuerdo) debe emerger un nuevo mundo justo, equilibrado, libre. Diferente. 

Cuando las personas, en este discurso que te comparto, me dicen cosas como: «sí, sí pero va a haber gente que lo va a pasar muy mal». Mi respuesta automática es:

«A lo mejor decidimos ayudarnos y acompañarnos los unos a los otros, y lo que sucede es que evolucionamos dándonos cuenta de que la dicha y la felicidad, están precisamente en este tipo de acciones».

¿No? Digo solo que a mí no me parece algo descabellado para nada. De hecho, es una obviedad que cae por su propio peso.

No es naif, te insisto, es crecimiento. Evolución. Y es muy potente. 

Todo este movimiento mundial lo que está logrando es que los pilares del miedo, por sobreexposición, se desmonten y dejen paso a lo único que no es mutable. El Amor y las emociones que derivan del mismo.

Y me vuelve una y otra vez la palabra: reinvención. Como un latido constante.

Un dejar ir todos aquellos modelos, patrones, creencias, programas, costumbres, hábitos… que nos anclan a una realidad basada en el miedo. 

«Ya, qué fácil es decirlo… pero ¿cómo?», me contestarías seguro si estuviéramos charlando… 

Si pretendemos entender la realidad con lo que nuestros cinco sentidos nos cuentan, no es difícil conseguirlo, ¡es imposible!

Lo primero que debemos desarrollar es la capacidad de observación sin juicio. Observar todo, incluso nuestros pensamientos. Sin juicio y sin apego a ellos.

Y esta habilidad se logra a través del silencio y la meditación. Por lo tanto, el paso que tendremos que dar antes o después, será el de meditar. De la manera que mayor resuene contigo, pero según lo siento ahora mismo, es inevitable.

Debemos provocar ese estado de silencio interior una y otra vez, hasta que deje de ser incómodo y podamos permanecer en él el tiempo suficiente. 

Cuando hemos llegado a ese lugar, habrá que posicionar nuestra atención en el Corazón. Y desde ahí, empezar un diálogo. Una relación. Comunicación bidireccional, ¡vaya!

Esta fuente de información e inspiración, te irá contando los pasos que deberás ir dando para tu reinvención, tu propio crecimiento y el del todo el conjunto. Por supuesto, a ti se te pide confiar en el proceso y acción, sin duda y sin demora.

El tiempo de dar vueltas se ha terminado. 

¿Y qué te dirá tu pecho? 

Que sigas tus pasiones, y las pongas al servio del resto.

Porque es así como gira la rueda. Sin bloqueos, ni desigualdades. Sin competitividad, esfuerzo ni lucha. Sino con armonía, flow, facilidad. Y mucha diversión. 

Eliminar el ego y la esclavitud a la que nos ha sometido, es la única muerte que existe.

Esta es una muerte voluntaria y consciente.

Y sí, es un proceso duro, pero ¿sabes? para Ti no lo es, lo es para el personaje que hemos fabricado. Un personaje que en el aquí y el el ahora, se esfuma, y deja de «doler». 

Es tiempo de reinvención.

Dime, ¿desde dónde te posicionas tú en este proceso evolutivo?

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