Acabo de llegar de dar una vuelta por el «pueblín», por San Román. Un paseo que suelo hacer cuando termino de «trabajar», sea lo que sea en lo que he estado ese día.

Esta costumbre ha sido cada vez más agradable porque ahora no paseo por un lugar extraño, ahora sé bastante de la historia de este lugar, lo he escuchado de las mejores fuentes. Conozco sus caminos y sus frutos. Soy muy afortunada, mucho. No lo he sentido tan fuerte nunca. 

Es increíble cómo la percepción del tiempo cambia por completo según tus vivencias.

Se me hace imposible pensar que no llevo en San Román ni veinte días, porque me parece que soy de aquí, te lo digo con asombro.

Conozco a casi todos sus habitantes, y creo que todos me conocen a mí.

Cada uno de ellos me ha aportado tanto que no sabría por dónde empezar.

He encontrado gente abierta, nobleza, alegría, personas de palabra, generosas (uff, todos lo días vuelvo a casa con algún manjar), y sobre todo, gente con un corazón sano y grande, que comparten sin tabúes. 

Todo estaba así. Ya tenía mis rutinas, y de repente el camino me dice que sigue, que me tengo que mover y se me ocurre que igual podría alquilarme una casa para estar más estable.

Y todo empieza de nuevo.

Cómo se ha dado este siguiente hito ha sido increíble, y en tan solo unas horas. 

En dos días me mudo a la casita que he alquilado en un pueblo vecino.

La casita la he conseguido porque quien me hospeda, se lo dijo a un señor que le dio un teléfono de una señora, a la que llamé y ella a su vez, contactó con su vecina que tenía una casa que no usaba, y le sugirió que para eso, que me la dejara a mí, una perfecta desconocida en la que ha confiado sobremanera. 

¿Te das cuenta?

Esto es un alucine.

Yo es que no puedo parar de agradecer y agradecer a cada minuto. Pero no solo agradezco lo que me va dando el camino, agradezco que esto, en lo que yo creo, es muy real. Esto de la certeza de saber que la clave es el Amor. Agradezco darme cuenta de que con esta actitud, el mundo entero sería (y será) distinto. Agradezco comprobar que el Corazón lo puede todo. 

En este movimiento también me he dado cuenta de otra cosa, ¡lo poderoso que es el atractivo de la zona de confort! porque como te digo, en solo dos semanas y unos días, ya he creado una la mar de cómoda y gustosa. Y ¡vaya si cuesta volver a dejarla!

Pero resulta que aprender a fluir es esto precisamente. Saber dejarte llevar es permitir que las maravillas se den, porque qué entendemos nosotros de cuándo o de dónde. Y además, quién sabe qué es lo que aguarda en el siguiente movimiento. 

Yo de momento, he ganado un pueblo, unos amigos y familia. He saciado las ganas de naturaleza que tenía. El silencio ha sido un gran protagonista. Un silencio lleno de sonido muy especial. He aprendido de la tierra, de su cultivo, sus animales, del tiempo… ¡Tengo hasta algo de acento asturiano! He ido a ver las mejores vistas de San Román acompañada por un guía de lujo.

Y me llevo un inmenso aprendizaje que antes me quedaba lejos. 

¡Hasta pronto, San Román! Porque será pronto. De momento, me quedo a unos pocos kilómetros y luego, el flow dirá…