Ayer, volviendo de tomar un vino en Trastevere, regresaba a casa paseando por uno de mis lugares favoritos de Roma, la Vía dei Foro Imperiali. (El mensaje de la abeja estaba llegando a mí sin saberlo).

Ese camino tiene una energía espectacular, o al menos yo la siento así. Era de noche y no había casi nadie. Me paré un rato a contemplar y me sentí una verdadera afortunada por el espectáculo que tenía frente a mí. Historia, arte, cientos de pájaros volando a la vez, estrellas y silencio. 

En Italia, y en el Mundo, están ocurriendo muchos acontecimientos que tienen a la gente «descolocada». Yo lo observo desde fuera, como si conmigo no fuera (no va).

No voy a detallar lo que está desencadenando este revuelo, porque pretendo que mi blog sea algo atemporal y que, se lea cuando se lea, se entienda. Y lo digo porque, soy consciente de que, en muy poco, lo que ha provocado este «sinsentido», se habrá olvidado del todo. Y además, no seré yo quien dé fuerza a estas corrientes duales que son, tan ilusorias como cómicas. 

El caso es que, como buena buscadora de verdad, pensadora, y mujer «desde dentro» que soy, todo esto me ha hecho, cómo no, reflexionar. 

Reflexionar en la importancia de tener una mente muy ordenada y recta para no perder una y otra vez el juicio y la cordura. Y para, como te decía, observar sin «pringarse» de irrealidad y locura. 

Cuando me senté a contemplar esta enorme belleza que te he descrito, miraba a las estrellas, que estaban ahí para mi deleite, y me sonreía al darme cuenta de todas las veces que me he forzado a intentar encajar en este teatro del Mundo, y he sufrido por no lograrlo (nunca lo logré) y, una parte de mí muy oculta, hasta ayer mismo, seguía juzgándose por ello. (¡Hay que ver!).

Tenemos mucho escondido en el inconsciente ¡una barbaridad! pero lo bello es que, cuanto más descubres, más te acercas a tu libertad. 

Ayer, mirando las estrellas, me sentí muy orgullosa de mí, bueno, más bien de mi alma, que he descubierto que es noble, bondadosa y muy libre. ¡La quiero como no sabía que se podía querer!

Ahora que la conozco bien, entiendo todo mi camino y lo veo con otros ojos que antes no tenía. Y mi orgullo y amor propio vienen por haberme mantenido siempre muy firme y fiel a mí misma en este constante «no encajar», a pesar de haber sido «difícil» hacerlo.

Ayer, de pronto, entendí que no encajar era una de mi mayores virtudes y no algo que debía cambiar sí o sí. 

Encajar en un mundo loco dice muy poco de una misma.

En ese momento tan mágico que estaba viviendo, a través de una de las redes sociales, me llegó un texto que hablaba de los Seres de Luz y, no voy a extenderme por aquí, pero me sentí perfectamente identificada. Solo no comulgo con algo, y es que este texto, pretendía hacer especiales a unos cuantos, dejando al resto fuera.

Y no estoy de acuerdo para nada. Yo me reconozco como un Ser de Luz, pero es que tú también lo eres. Y tu vecina, y el que te trae el correo a casa. 

Todos somos seres de luz y como nuestro título indica, hemos venido a traer Luz. De hecho, no somos otra cosa que Luz.

Lo cierto es que están llegando muchos cambios y muy deprisa, y es que está ocurriendo lo que muchas gente venimos compartiendo hace rato, que todo se está acelerando. Y es tiempo de elegir (amor) y reconocerse. Esto ha llegado a un punto en el que ya es innegable. 

¿Y por qué tenemos que elegir?

Porque, como en todo despertar, llega un momento en el que el sufrimiento y el desorden rozarán el absurdo y se buscarán otras vías y, (gracias, gracias) está sucediendo. ¡Bien!

No había acabado de hilar toda esta información hasta esta misma mañana, que en una meditación de casi una hora, de repente me ha venido una imagen de una abeja en un flor dorada, y llena de luz. 

Me he emocionado al ver a la abeja ahí, tan clara e inesperada. Sé que es un mensaje potente cuando esto me sucede. Mola bastante.

La abeja, como sabes, es un animal que trabaja en silencio y su labor es vital para el conjunto. Además, renuncia al mérito o al protagonismo, más bien, trabaja en el anonimato. Son muy proliferas y a pesar de ello, les da igual que los méritos los lleven o no ellas, porque su visión siempre es global. 

El mensaje está claro. Sé abeja. Trabaja por la Luz y hazlo simplemente, porque es lo natural en ti. 

Encuentra tu manera, la manera en la que puedes desarrollar tus cualidades en su máximo potencial y hazlo. Entonces, y solo entonces, descubrirás que siempre has encajado. ¡Tiene Gracia!

¡Ah! Y por favor, mantente brillando, para que otras abejas, puedan verse y reconocerse en ti, como tú hiciste antes. Porque tu luz… tu luz SÍ que es muy contagiosa. 

Si quieres seguir leyendo, te invito a hacerlo por aquí:

Nuestro siguiente paso evolutivo

A contracorriente

Ayudarnos

El poder de la mente

El cambio de paradigma