Una persona que se encuentra conmigo en acompañamiento individual me ha escrito para pedirme que le recordara una conversación que tuvimos en la última sesión. Y eso (además de otra serie de confirmaciones) me ha dado el tema para escribir. Ser canal es a lo que te invito en esta ocasión.

Quería saber algo que por lo visto le dije o estaba pendiente de hacerlo. «Ni idea» he tenido que contestar.

Me acuerdo de muy poco de lo que digo en sesiones o en mis charlas.

Ser canal lo he ido afinando con el tiempo. Y una vez que lo logras y te entregas a ello, se convierte en algo a jornada completa. 

Hay veces que me disculpo por lo que vaya a decir antes de hablar o de escribir, porque sé que puede ofender egos.

Luego recuerdo que es el Amor quien guía todo lo que salga a continuación, y me doy cuenta que si no es antes, será después, pero se recibirá con el mismo Amor con el que se emite. Inevitable. 

Es como si el Corazón me gritara lo que tengo que decir o cómo tengo que actuar y a la vez me dotara de Poder para asumir todas las consecuencias que tenga para mí «aceptar y hacer lo que me dicta». 

Maravilla sentirlo. Son palabras que me surgen a borbotones y noto con perfecta seguridad que estoy siendo una herramienta, tal cual. 

¿Y sabes cómo calibro que no me equivoco? por la Paz indescriptible que va conmigo cuando soy canal.

No es mía, lo tengo clarísimo. Pasa a través de mí y se expande. Es así. (Igual que a través de cualquiera que se deje. No hay que olvidar esto).

Por lo tanto sueles saber cuándo callar, cuándo hablar, cuándo actuar y cuándo no hacerlo. Y luego no eres muy consciente de ello porque en realidad, no fuiste tú quién lo actúo o lo dijo. No tienes ni mérito ni demérito. Solo dejas que suceda. 

En este tiempo repito mucho lo siguiente; y es que cada vez que avanzo un poco más en todo este magnífico Misterio, (y lo estoy haciendo a zancadas) sé menos, me emociono a cada rato y tengo las palabras mucho más limitadas para poder expresarlo. 

Ser canal no es solo hablar, es saber cuándo te marchas, cuándo te quedas, con quién paras, con quién no.

Sabes todo, pero no tienes ni idea de nada.

Solo, como te decía al principio, has afinado el sensor y lo gozas a otro nivel. Como quien ya conduce un poco mejor su vehículo y puede viajar más lejos, relajar los músculos y disfrutar del trayecto a lo grande. 

Si te digo que Sé con certeza que el Espíritu camina a tu lado en todo momento, (no lo leo o lo digo para convencerme, ¡lo sé!) ¿Cómo te quedas? A mí (y a ti) me habla por todos lugares, a través de toda persona y de cada situación. Es indescriptible, como te digo. Me da la mano.

Y si te aseguro que la muerte no existe, que es solo una ilusión y que somos seres eternos, ¿me creerías?

Que puedes dejar a un lado el mayor (y único) miedo que tiene el Ser Humano… Porque yo sé que es así… pero no sé por qué lo sé. Sé porque lo siento.

Sentir… Qué importante… 

Solo hemos venido a este plano a recordar que somos eternidad y cada experiencia (cada una de ellas, piensa en la que sea) nos está ayudando a recordarlo, ¿mostrarías apertura para escucharme si te comparto que esto es una certeza?

Hasta ahora, no me he cruzado con nadie que al hablarle desde ese Estado, aunque haya sido por un instante, no haya mostrado emoción, brillo en los ojos, no haya sentido paz, o se haya quedado sin palabras… como se Vive cuando te dejas acariciar por el Todo. Como siento yo misma al permitírmelo.

No te puedo dar pautas para lograrlo, porque sería más de lo que siempre te comparto (pero te doy una pista… silencio. Silencio fuera y silencio dentro).

Sí te puedo animar con todo mi Corazón a que esta, sea la única prioridad en tu Vida. Entonces, de pronto, la vida es Vida.