Hace unos años que nació el concepto del nómada digital. Recuerdo que cuando me enteré de lo que era, me encantó. Me fascinó la idea de poder desarrollar tu trabajo, el que fuera, en cualquier parte del mundo.

Desde el primer contrato laboral que firmé allá por el 1998 (¡ay!) sentí que eso no era para mí. Después, con contratos más serios, llegaron los «indefinidos», que era lo más parecido al «fijo» de la época. Ahora no tengo ni idea de cómo va este tema, ni me preocupo en saberlo, la verdad. 

Me daban sudores fríos cuando suponía que debía celebrarlo. Y no te digo el momento en el que el jefe o jefa de turno me decía CUÁNDO me podía ir de vacaciones, CUÁNDO podía salir de la oficina, CUÁNDO tenía que comer… Los sudores fríos pasaban a ser principios de microinfarto. 

No, no, esto nunca fue para mí. Por eso, cuando llegó mi momento, salí de la rueda y me dispuse a crear yo mi propio camino. Un camino que sí, al principio me dejó sin pagas extras, sin vacaciones pagadas (y programadas) y sin cenas de empresa (¡esto fue un alivio!). Pero ni por un segundo, y mira que he pasado por calamidades de todos los colores, me planteé volver. 

Al cabo de unos años dando vida a Mi plan be y todo lo que me iba trayendo, me di cuenta de que si seguía así, con el despacho, las consultas y además todo lo que iba ya creando por entonces, me precipitaba de cabeza a acabar otra vez metida en mi propia jaula, de oro o plata pero otra jaula. Así que, esta toma de conciencia unida a un impulso muy fuerte que me empezó a decir que lo dejara todo y pasara mi trabajo a online, dieron la salida a un nuevo estilo de vida mucho más acorde con lo que mi alma demandaba desde siempre. Amén. 

Poco a poco (a veces mucho a mucho), he ido, como sin darme cuenta, convirtiéndome en esa nómada digital que soñé hace unos años. 

Ahora todo el mundo o casi todo, ha tenido que pasar su trabajo a online, pero este verano, charlando con alguien que estaba realmente quemado de esa situación, me hizo reflexionar entre la diferencia de trabajar online desde casa y ser un nómada digital. 

Esta charla también logró que empatizara con lo que deben estar sufriendo ahora esas personas que tienen los mismos horarios, idénticas presiones y deadlines, miedo a la inseguridad, falta de libertades… encima metidas todo el día en casa. Sin aquellas pequeñas alegrías de la oficina como son chismorrear con tu compi favorita, escaparte diez minutos a que te dé el aire y quizás fumarte un cigarrillo de rebeldía, o los viernes salir escopetado, si tienes suerte, a las tres de la tarde y creer así que has vencido algo. 

¡Hay más maneras de vivir!

Por cierto, corte publicitario, en la novela Yo soy Chloe experimentas con ella esto que te digo y te ayuda a salir de la vorágine prácticamente ileso o ilesa. Todos y todas somos Chloe en algún momento dado. 

A lo que voy, hace unos días caí en la cuenta de que ya era nómada digital, y ni siquiera me había enterado. He estado tan enfocada en serlo que cuando ya lo he logrado, para mí se ha convertido en algo natural.

Y como siempre hago, me dije que si realizaba una buena síntesis de aquello que he descubierto y aprendido, podría ayudar a mucha gente que, como yo, no encaja en el sistema. 

Cada vez somos más quienes no encajamos, no te preocupes. Ahora resulta que tener rarezas de este tipo ¡mola! así que, es nuestro turno. 

Aquí te dejo algunas claves que a día de hoy he ido recopilando, seguro que dentro de poco tendré más porque esto es un no parar de aprender y crecer, pero para entonces, también te las compartiré, porque si ganas tú, gano yo y gana todo el mundo. Eso siempre es un win/win. 

Para empezar, definamos qué es un nómada digital. 

Para mí es algo así:

Nómada digital es aquella persona que ha creado su proyecto propio y puede desarrollar su actividad desde cualquier parte del mundo. Sus herramientas básicas son un ordenador de alta calidad, smartphone y buena conexión wifi. Aunque hay veces que la propia red que te facilita el smartphone es suficiente. (De hecho, así pasé los tres meses en Asturias y fue un gran verano de creatividad y crecimiento profesional).

¿Cuáles son las características que un nómada digital ha de tener?

  • Al nómada digital le gusta conocer gente nueva, lugares diferentes, aprender de otras culturas, abrir otras ventanas de la vida… Tiene que amar la aventura y lo desconocido, y lo que es más importante, no debe tener miedo al cambio. Esto hay que revisárselo, porque si quieres ser nómada digital pero por otro lado no eres capaz de romper un hábito o no eres una persona abierta y sociable, te va a ser difícil lograrlo o disfrutarlo. 
  • Capacidad de foco. Cuando tu vida cambia de escenario constantemente, es imprescindible no perder el foco. Yo he comprobado que tardo unos dos días en reubicarme cuando cambio de lugar. Es el tiempo que me doy para reconocer el nuevo espacio, las personas que me rodean, las rutinas… Pero mi foco es mi centro, y no me deja despistarme de mi objetivo, en este caso, el proyecto. 
  • Ligereza en el equipaje, es decir, debe practicar y conocer bien el estilo de vida minimalista. Los cambios o las nuevas aventuras, han de ser fáciles y divertidas, no llenas de peso y obstáculos. Y a esto se le añade la capacidad de desapego a un nivel superior. 
  • La adaptabilidad del nómada digital es algo fuera de serie, y eso es parte de la belleza de toda esta elección. Desarrollar la capacidad de adaptarte a diferentes entornos te da la posibilidad de ampliar tu mundo y tu mente. Si te apetece adaptarte al entorno en cuestión, claro, yo hay a algunos que no me ha dado la gana hacerlo y no lo he hecho. Ser nómada digital no quiere decir «todo vale». 
  • Soledad. Hay un trabajo que hacerse muy grande en cuanto a la armonía con nuestra soledad. Vas a estar en lugares donde no tengas red social, o personas de confianza cerca y las circunstancias puede que hagan que el tiempo se alargue más de la cuenta (¡hey 2020!). El nómada digital se las verá de lleno consigo mismo y, esto te lo digo por experiencia, como todo lo demás. Aunque creas que ya lo has resuelto y que contigo estás de fábula, siempre hay un punto más que subir. Pero una vez superado y ascendido, doble check! y a gozar de todo lo que se abre para ti. 
  • Debe disfrutar del trabajo dentro y trabajo fuera, es decir, para mí una de las cosas que más me gusta es poder escribir en el campo, en una cafetería, delante de un monumento, en un restaurante, en casa, en la terraza, en la playa… a puerta cerrada cuando se necesita y a puerta abierta cuando me apetece. Esta es, para mí, una de las grandes ventajas que tengo. Elegir yo mi escenario para crear. 
  • Y por último (hoy, porque según escribo me llegan mil ideas más pero haré un esfuerzo por dosificarme), debe salirse por siempre de la rutina de la semana, los días y los horarios tal y como aprendimos. Ya no hay lunes (¡oh, tengo que trabajar!) ni viernes (¡yuhu, salgo a las tres!). Todos los días son igual de maravillosos porque nada ni nadie te dirá CUÁNDO debes o no debes ponerte manos a la obra, sino que tú lo decidirás. Y con el tiempo, quizás te ocurra como a mí, que a veces tengo que hacer verdaderos esfuerzos por saber si hoy es lunes o miércoles, porque quien yo soy, y lo que hago o no hago, no depende del nombre del día en el que vivo, jamás. 

Sea como sea que decides vivir, que sea con autenticidad y siguiendo tu propia intuición. Y te insisto, si sientes que no encajas, ¡dale! porque ahora, es nuestro turno. 

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