Solidaridad. Me acuerdo la primera vez que escuché esa palabra. Era bastante pequeña y un adulto estaba dando una definición de ella y recuerdo que me gustó el concepto pero no podía pronunciarla bien, me costaba. Cuesta.

Estoy en el despacho que me han dejado en Villamayor para trabajar y pensaba en qué sería lo más importante para contar de esta última semana. Y ella ha venido a mí, la solidaridad. 

Cuando partí de Madrid, tenía la intención de aprender por todos mis poros de todas las personas con las que me cruzara, y también de impregnarme bien de las culturas en las que fuera viviendo. 

Asturias me está enseñando tanto que daría para mucho cada uno de los días que llevo aquí.

Por cierto, aprovecho para darte una cuña acerca de la importancia de Vivir, ¡urge! si quieres que la vida te cunda, claro. Me parece que hace mucho mucho desde la estación de Chamartín y ha pasado poco más de un mes. 

A lo que iba, el objetivo de impregnarme de la cultura lo estoy consiguiendo con creces. Sin esfuerzos y poco a poco.

Esta semana he cocinado mis primeros tortos (manjar), tengo en mi mesa un libro de curiosidades asturianas y me lo leo entre tarea y tarea. Palabras que no conocía forman parte de mis conversaciones normales… y tantas cosas que podría no parar de contarte. 

Un amigo me decía este fin de semana, «esto no lo tienes que estudiar, se te va pegando sin darte cuenta», y así es. Siempre que estés dispuesta a ello, y yo lo estoy. Me enriquezco a cada rato. 

Sin embargo, lo que me tiene más impresionada de este último tiempo es lo que estoy aprendiendo acerca de la solidaridad entre personas. Aquí estoy recibiendo unos niveles de ella que son abrumadores. 

Esta gente con la que convivo, paseo, hablo, me cruzo, comparto platos de mesa y «sidrinas» son maestría pura del término que hoy te traigo. 

Sin aires, sin ademanes, sin pretensiones. Con la naturalidad propia de quienes no han perdido algo que es orgánico. 

Ya me sé contener, porque al principio estaba con la emoción a flor de piel y cada gesto me tenía que aguantar las lágrimas de gratitud porque esto es muy grande, de verdad.

Ahora mismo, al escribirlo, me vuelve a ocurrir. 

Esto también me ha hecho amar mucho a la parte de nosotros que se ha olvidado de algo tan básico como la solidaridad.

Nos hemos despistado y lo siento como si fuéramos niños perdidos que se han olvidado del camino a su casa. Pura inocencia. Pero ya es hora de retornar al origen. Ya está bien.

Sufre mucho una persona que cree que debe defenderse de las demás o atacar, y pasa por alto la única respuesta posible que da paz. 

Me he dado cuenta, como me decía una mujer valiente y poderosa estos días, que si pagas con Amor, el resultado siempre se revierte.

Y que para crear un mundo de solidaridad, tenemos que serlo nosotros primero. De ninguna manera esperar a serlo cuando lo sean los demás. Esto no funciona así. 

Ser solidaridad con todos y en toda circunstancia. Esa es la clave. 

Un pequeño gesto de solidaridad, puede llegar a miles de personas porque todo el mundo lo está deseando, en el fondo y en la forma. ¡Y se contagia de maravilla!

A nadie le gusta el tormento mental que da perderse en el ego y sus mentiras. Lo que ocurre, es que a veces, nos despistamos en el camino.

Pero la vuelta es fácil. Nos han dejado «miguitas»…