Parece que se nos ha olvidado, pero sigue ahí esperando que volvamos a despertar. Hemos venido a recordar. 

Siempre he intuido que la tendencia natural del ser humano es hacia emociones de bondad, creatividad, paz, armonía… pero en el camino de la vida, vamos olvidándonos de todo esto. Compramos el argumento que nos vende el ego; el miedo, los enfrentamientos, las envidias, los complejos y dejamos de lado nuestra raíz pura.

Hace poco he tenido la oportunidad de dar clase a tres grupos seguidos de rangos de edad muy diferentes; niños de 5 años, adolescentes y adultos. Me pareció un momento perfecto para hacer un “experimento”.

Me pregunté, ¿cuándo se nos olvida aquello que, con certeza, nos pertenece por el simple hecho de nacer?

La experiencia fue similar a un viaje en el tiempo, de la infancia a la edad adulta ¡en sólo tres horas!

Coincidió con las Navidades pasadas, así que aproveché la ocasión para hacer las dos mismas preguntas a todos ellos.

  • ¿Sabéis ya lo poderosos que sois?
  • ¿Qué deseo pediríais estas Navidades a vuestro “genio” interior?

La dinámica era la siguiente, lo tenían que pensar por unos minutos y luego compartirlo en grupo.

Y aqui viene lo impresionante.

Los niños de 5 años veían obvio que ellos tenían un “genio” dentro que les escuchaba, algunos incluso decían que hablaban con él todas las noches antes de dormir. El deseo que TODOS y cada uno de ellos pidió fue paz, amor y ningún sufrimiento para nadie en este planeta.

Esto me conmovió muchísimo, fue tan natural y espontáneo para ellos que casi me miraban como diciendo “estas preguntas son demasiado fáciles”.

Los adolescentes parecieron ponerse algo incómodos con lo que se les planteó, todos aceptaron que tienen poder en su interior, digamos que les resonaba, pero no le prestaban demasiado atención. A la pregunta del deseo para estas Navidades, casi la mitad de ellos pidieron cosas materiales, tipo cómics o ropa. Aún así, el otro 50% de la clase seguía el patrón de los niños de 5 años. Esos sí, les “avergonzaba” decir en alto que su deseo era de amor para toda la humanidad.

Los adultos se incomodaron muchísimo con ambas preguntas, mostraron mucho escepticismo con la idea de que ellos pudiera llegar a ser creadores de su propia realidad. En lo referente al deseo, la mayoría por no decir todos, pedían bienestar y salud para los suyos. El concepto de totalidad estaba completamente descartado.

¿Por qué evolucionamos de esta manera?

Cuando nacemos y hasta aproximadamente los 7 años somos pura inocencia y sabiduría a la vez, somos puro contacto con el inconsciente, libres de miedos, juicios y culpas. Y respetamos nuestra naturaleza que es el Amor Incondicional.

A partir de los 7 años, el ego comienza a aparecer en escena, con la única intención de hacernos “sobrevivir”, no es ni bueno ni malo, sólo está confundido. Desaparece la visión holística, según vamos creciendo nuestra percepción de separación es mayor hasta creernos totalmente desvinculados unos de otros, mirando sólo por nuestros propios intereses y beneficios.

Hemos perdido por completo la conexión con nuestro interior.

Por eso siempre nuestra tendencia ha de ser a tener la mirada del niño, a ver la vida como ellos la ven, a escucharles y a aprender de su sabiduría innata.

Fue muy curioso el experimento, pero no tanto por los resultados sino por el hecho de constatar que a todos los mayores, estuvieran en el estadio que estuvieran, lo que les invité a reflexionar, les resonaba, es decir, por un instante lo recordaron. Los ojos de los adultos brillaron y pude ver que en una parte profunda y oculta, anhelaban volver sentirlo y creerlo.

Todos lo sabemos, lo que ocurre es que nos olvidamos. Y hemos venido a este mundo, simplemente a recordarlo.

«Cada niño es un artista. El problema es cómo seguir siendo artista una vez que crezca.» Pablo Picasso

Fotografía de Carlos De Rivas