El desapego, ¡qué concepto tan extraño y natural a la vez…!

Párate un momento a reflexionar sobre ello, ¿qué o quién te pertenece o te ha pertenecido jamás? nada. ¿O aún crees que sí?

El desapego libera, mientras que el apego esclaviza al ser humano, porque es desde el lugar en el que el ego crea su identidad; yo soy mi ropa, mi aspecto, mis amigos, mi familia… el ego construye ilusiones en el mundo exterior, ¿pero soy realmente aquello que me dicta?

Si lo veo así, el desapego supone una desaparición del plano.

Sin «mi gente», «mis cosas», «mis aficiones»… ¿quién soy yo?

Por esta razón me ato fuerte a todas «mis pertenencias» como si me fuera la vida en ello (ya que realmente creo que me va) temerosa de que cualquiera me las pueda arrebatar o yo misma las pueda perder, u olvidar…

No sabemos cuán grande es nuestro apego hasta que empezamos a soltar, solo entonces advertimos lo «intoxicados» que estábamos.

Nosotros somos un canal de fluidez, a través de este canal llegará todo lo que vayamos necesitando, si no lo bloqueamos con emociones de carencia, como el apego…

El mensaje que lanzamos a nuestro inconsciente es «no lo suelto, por si luego no tengo» y tu inconsciente, inocente, que solo desea cumplir tus órdenes, te responde con toda la carencia que le estás pidiendo.

Suelta, libera… y siente la paz de hacerlo.

Desapego no quiere decir «despegado», mucha gente en el camino, confunde los dos conceptos.

No significa ir a la tuya por encima del bien y del mal, tampoco es no valorar las personas y las experiencias que pasan por tu vida, muy al contrario es amor incondicional por todo y por todos, porque amas desde la tranquilidad de la «no dependencia» y la «no exigencia», desde la paz de saber que tienes todo lo que siempre necesitas, cuando lo necesitas, y es perfecto para ti y tu entorno.

No retienes, sino aceptas.

Hace unos años conocí a una pareja que acababa de llegar de dar la vuelta al mundo, ambos estaban en estado de shock, no solo por lo apasionante de la experiencia en sí, sino por haber tomado conciencia de que habían viajado durante un año entero con una mochila y fueron más felices que en toda su vida. Se sentían libres, ligeros…

Recuerdo que él no paraba de repetir «no sé qué voy a hacer ahora con tantas cosas».

Estaban realmente impactados con su vuelta a la rutina, y es que al llegar vieron de nuevo todas las cadenas que tenían y de las que se habían liberado sin haberse dado cuenta, sin haberlo pretendido.

Te propongo las siguientes reflexiones y tareas que te acercarán a ello, sin tener que irte muy lejos a experimentarlo:

  • ¿Te apegas al resultado de tus acciones, o actúas por el hecho de compartir, sin más, sin de verdad esperar nada a cambio? Observa, por ejemplo, cómo interactúas en las redes sociales.
  • Revisa tus pertenencias cada seis meses, toma conciencia de todo lo que no usas, ni has usado ni usarás en los próximos seis meses, y despréndete de ello, dalo, véndelo o tíralo. Haz hueco para que lo que sí necesitas te llegue, pero antes, deja ir.
  • Analiza tus amistades, tus relaciones. ¿Amas, o quieres retener? ¿Sientes que te pertenecen o les perteneces o que, muy al contrario, os acompañáis en el camino?
  • Despréndete de algún objeto que para ti signifique mucho, o creas que lo hace, un juguete de la infancia, una prenda de ropa especial, algún accesorio que alguien te regaló… duele ¿verdad? entonces sigue, quiere decir que vas bien. Recuerda, TÚ no eres eso. En la acción se pasa el miedo y llega la calma.

Practicar el desapego, como todo, es un entrenamiento a través del que sencillamente, recordamos Quiénes somos en realidad.