Imagina que estás soñando. Imagina que el sueño de la noche, es exactamente el mismo que el sueño del día. Imagina que no hay diferencia. 

Ahora imagina que no tienes que imaginarlo porque es real. 

En estos últimos tres días he dado otro pequeño gran salto que me ha ayudado a soltar retazos de una oscuridad que aún estaba presente y por lo tanto, a progresar (mucho) en mí y en mi reconocimiento. Y por eso me atrevo a avanzar también contigo. 

Acabo de regresar de una reunión con un equipo de «magas» que trabajamos para un proyecto de magia (¿qué hacen si no las magas?). Nos tomábamos un café después del encuentro, y ha vuelto a surgir el tema que te comparto hoy.

Todo me ha llevado como siempre, a estas líneas. No soy yo (pequeño) quien las elige. Me he quitado mucho peso una vez que he aceptado esto. 

La vida es Sueño decía Calderón de la Barca, y lo sueños, sueños son. 

¿Qué diferencia hay entre el sueño de la noche y el sueño del día? En ambas «realidades» no crees estar soñando, ¿verdad? 

Sin embargo, cuando estás en el sueño de la noche, y te despiertas, recuerdas que estabas soñando, y fuera sueño bonito o pesadilla, lo dejas ir porque «no es real».

A veces, durante el sueño de la noche, podemos llegar a tener lucidez. Y a lo mejor nos vamos a caer por un barranco y de repente, recordamos que estábamos soñando y el barranco desaparece. 

O quieres volar. Mueves los brazos con mucha energía, y vuelas ¡puedes sentirlo! Yo lo he experimentado con una claridad asombrosa. He volado con mis propios brazos y nadie me lo puede negar. 

A veces no logramos tener lucidez en el sueño de la noche, y cuando abrimos los ojos sentimos un «¡ufff! menos mal que era un sueño.»

Y como somos «conscientes» de que ese sueño de la noche, ha sido producto de nuestra psique más inconsciente, pues lo analizamos. Estudiamos a Freud, investigamos el simbolismo del agua que apareció, del animal, queremos entender por qué hablamos con esa u otra persona… ¿verdad?

¿Y si te digo que es lo mismo durante el día?

Esta es la bomba de hoy. 

Estás soñando. Día y noche. Sueñas. 

Todo es producto de nuestra mente. De tu mente. Y todo habla de tu psique más profunda, de tu inconsciente. 

Y si analizamos el sueño de la noche, debemos también hacerlo con el del día, para mejorar, crecer y entendernos. 

Y más genial aún, podemos (y te diría a estas alturas que debemos) permanecer con toda la lucidez posible en este sueño. 

No se trata de huir de él, ni de dejar de participar, sino de hacer un sueño feliz entre todos. Las pesadillas son solo eso, pesadillas. Pero con que solo una personas la crea, se crean. 

No ocurre nada, porque como en el sueño de la noche, un día despertaremos y diremos «menos mal que no era verdad» pero qué necesidad de seguir luchando contra monstruos que no existen, en escenarios que pueden cambiar y cayendo por «barrancos» que con solo nuestra intención, desaparecerían. 

Sé que es abstracto y complejo lo de hoy.

Pero es que la existencia es el Misterio más enorme, maravilloso e ilógico (para la mente ego) del que se pueda hablar. 

Con dos de estas compañeras-magas que me he reunido hoy, decíamos que este cambio de paradigma es tan bestial, que no se puede aún mantener.

Solo lo podemos rozar con nuestra intención, por unos instantes. Y podemos, eso sí, hacer que esos instantes se prolonguen y multipliquen. 

Pero yo estoy convencida de que poco a poco, como en el Mito de la caverna de Platón, más y más soñadores del sueño, dejaremos las cadenas que por voluntad propia nos pusimos, y empezaremos a disfrutar de esta «otra realidad» que también será parte del mismo sueño.

Será una existencia plena al ser consciente, será feliz, y sabremos que siempre todo estuvo, está y estará muy pero que muy bien. 

«Yo sueño que estoy aquí, 

de estas prisiones cargado, 

y soñé que en otro estado 

más lisonjero me vi.

¿Qué es la vida? Un frenesí.

¿Qué es la vida? Una ilusión.

Una sombra, una ficción, 

y el mayor bien es pequeño:

que toda la vida es sueño, 

y lo sueños, sueños son.»

Calderón de la Barca.