Conocí la tienda Adhoc (flores y ropa) por una amiga. Me hizo un regalo y lo fui a recoger allí. Me dijo “te va a encantar el sitio Bea, ya lo verás”, y claro que me encantó. Es de esos lugares en los que sientes la magia nada más entrar. 

Supe que antes o después intentaría conocer a su creadora e incluirla en el apartado de Un martes cualquiera… Y así fue. 

Es Clara Ruíz y quedé con ella una tarde de sábado, allí mismo, en Adhoc.

Adhoc está en pleno barrio de las letras de Madrid, en la calle León, una de mis favoritas de la zona. Y esta es la historia que hay detrás de ella. 

Clara me cuenta que estudió publicidad pero que desde el primer día de carrera supo que se había confundido al elegirla. 

Es una mujer joven, alegre, vital y madre de 4 hijos, y me dice que el suyo no empezó como un caso de vocación hacia su trabajo sino de amor a su familia, sus amigos y la gente, y su gran deseo de conciliación. No obstante, considera un regalo ir a trabajar contenta y haber sido ella quién lo ha elegido. Y me encanta su claridad al hablar, hace honor a su nombre.

Se considera muy trabajadora, además no esperaba subir como la espuma de repente, sabía que sería más un tema de constancia y dedicación, sobre todo al principio. Y así hizo. 

“La tienda se ha ido creando sola, de manera espontánea y sé que si yo lo hubiera planeado más no habría salido algo tan auténtico como este espacio”. También me dice entre risas que con lo bonito que es todo lo que tiene, es muy difícil que nada pueda quedar mal. Es cierto.

En su tienda, además de flores que es como empezó, vende ropa y complementos de comercio local, jóvenes “y no tan jóvenes” diseñadores, marcas pequeñas responsables… Los va conociendo, y se van añadiendo al proyecto. Me vuelve a decir que no está nada premeditado, todo se ha ido formando de manera orgánica. 

¿Por qué flores?

Sencillamente porque al principio se asoció con una persona cuyo negocio era este, las flores. Luego Clara, se quedó con él al completo.

Se siente agradecida por la libertad que cuenta de poder gestionar su propia vida y quiere dejar constancia de que lo importante es estar feliz hagas lo que hagas, ya sea por cuenta propia o ajena y sobre todo, subraya lo que para ella es la clave, la autenticidad. 

“Como esa pintura de calle huertas que dice -ama lo que haces-, sea lo que sea, da igual trabajar en una fábrica, cuidar un jardín o curar enfermos.” 

Ella dice que no sabe si hubiera soñado con tener este establecimiento o con otra cosa pero sí que sabe que ama lo que hace, en cada una de las parcelas de su vida. 

“Cuando una persona es auténtica y está contenta con lo que hace, todo lo demás surge”. 

Lo que más le gusta son las flores “¿a quién no le gusta trabajar con flores?” me dice. “Sacan mi parte más creativa y todo el mundo sale de mi tienda con una sonrisa. Además, embellecen se coloquen cómo y dónde se coloquen.”

Ella no le da importancia a lo que hace y yo lo que he visto ha sido amor, constancia, determinación, alegría, coherencia, una creación de un canal de oportunidades para terceros y un impacto muy elevado en cada persona que entra y sale allí. 

¿Adhoc? ¿por qué ese nombre? 

“Significa -apropiado- en latín, y es un guiño a mi carrera de publicidad, para recordar que de algo sí que me sirvió.”