«El universo ayuda a quien se ayuda». Esta es la idea que me está viniendo una y otra vez desde estos días de atrás.

Es una forma de explicar el concepto de unidad y que no existe la separación entre nada de lo que nos rodea. También aclara que el cambio se produce dentro y que lo que recibimos es lo que nos damos. Por otro lado, hace referencia a la necesidad de acción en este universo. Si queremos recibir ayuda de la fuente, tenemos que levantarnos y movernos, como sea que sintamos que debemos hacerlo, pero este es un universo de acción y velocidad. 

El universo ayuda a quien se ayuda es también esa frase que nos dice: «incrementa tu estilo de vida y el universo estará allí esperándote y apoyándote». 

Cómo funciona el universo es muy curioso, porque no se puede en realidad explicar con ningún tipo de lógica de este plano, pero lo cierto y palpable es que cuanto mejor te tratas, más amable es contigo la vida. 

Recuerdo un momento muy oscuro. Hacía años que había cerrado por completo la puerta a mi espiritualidad o mi conexión con el interior. Estaba muy perdida y me sentía atrapada en una caja sin salida.

Vivía en Madrid. Era más o menos mi primer año en la ciudad. Tenía un trabajo en el que me pagaban menos que en mis años de estudiante. Compartía casa en un piso que era una jaula de grillos. Mi habitación era pequeña y sin luz. Agobiante, como lo estaba yo. Agobiada. Me había sometido a tal estrangulamiento en todos los sentidos de mi realidad, que cualquier movimiento que hiciera, lo podía hacer por simple y pura supervivencia. No me daba margen para más.

Hacía años practicaba yoga, pero lo había abandonado a la vez que me trasladé a Madrid. Ocurrieron varios sucesos que hicieron que diera carpetazo a todo esto. Por lo tanto, la meditación no la practicaba tampoco hacía más de un año.

Comía deprisa, mucho y mal. Me hablaba fatal. No me pasaba ni una. Era durísima conmigo. Estaba todo el día cansada y victimizándome. Echando la culpa al mundo entero por mi situación. 

Un día, estaba en la cama y me rendí por completo. Ya no podía más. Me di por vencida. 

De repente algo se desbloqueó en mí y solté el control y las ganas de seguir luchando contra lo que se veía que no podía luchar. Algo dentro me dijo que hiciera yoga ¡ya! Y cómo un resorte y sin pensarlo, en ese mismo momento, recuperé un CD en el que tenía grabada una clase completa y empecé a hacerla, incluida la meditación final. Me sentí genial. Me comprometí con la rutina. También empecé de nuevo a escribir.

En esa semana, un día regresando a casa después de trabajar, otro impulso me metió en una peluquería. Llevaba el pelo cortado a «mordiscos» porque ni eso me permitía. Me había estado cortando el pelo una compañera de piso y lo había hecho «de aquella manera…». Entré a la pelu y me hice todo lo que me dio la gana. Tratamiento de hidratación, masaje, me alisaron el pelo y un montón de historias más que ahora no recuerdo pero que salieron de un «¡basta ya!» interior que no podía ni quería controlar. Luego me fui a bailar para mover la melena nueva.

Creo que fue al día siguiente cuando me desperté, que algo me dijo «busca piso». Lo había intentado miles de veces pero era imposible mejorar mi situación con el sueldo que ganaba en ese momento. Al sentir esa «orden», cogí el ordenador y busqué. Encontré uno a la primera. En una de mis calles preferidas de Madrid, que además ya había vivido en ella y la echaba de menos muchísimo. Fui a la entrevista y la chica y yo nos dimos buenas sensaciones. A la semana ó 10 días estaba ya viviendo allí. Una casa nueva, mucho más grande, con una sola compi con la que me lo pasé de lujo el tiempo que compartimos.

Al poco, mis condiciones laborales mejoraron… y al poco de nuevo, unas circunstancias por completo sincronizadas, me ayudaron a crear Mi plan Be y empezar ya sí que sí, mi nueva historia.

Mi realidad había cambiado en casi nada de tiempo. Yo no tenía ni idea de que había pasado, pero algo me dijo que debía volver a conectar con aquello a lo que le había cerrado la puerta, y que debía volver a creer en las posibilidades. 

Hoy entiendo que lo que hizo que toda mi realidad y mi vida subieran de peldaño en ese momento fue que me convertí yo en la ayuda que buscaba, y entonces el universo, la multiplicó a mi favor.

Por supuesto, no es algo que se integre en un día ni de una vez, porque solemos pensar que se hace al contrario, como casi todo. A mí me costó asimilarlo de verdad, y al 100. Y creo que en esta semana de atrás he dado otro «clic» definitivo, y por eso te lo comparto. 

Además, siento que ahora, ya que el nivel de conciencia del global es mucho más elevado, el proceso y la respuesta del universo, se han acelerado a lo bestia. Y a nada que nos demos calidad, confort, bienestar, nos hablemos bien, nos miremos en el espejo y nos guiñemos el ojo, y sintamos verdadero aprecio y amor por quienes somos, el universo entero responde para nuestro mayor beneficio. 

Lo que he aprendido de todo este tema es que, el universo, mientras estemos limitándonos, nos limita. Sin embargo, si nos ayudamos, nos ayuda. Nos ayuda de manera directa y descarada. 

Lo podemos aplicar desde que nos levantemos, en cada acción que hagamos y en lo que nos proporcionemos. 

Si siempre nos damos la mayor calidad en todo, la mayor calidad recibiremos. Si cuidamos nuestra alimentación, nuestro dialogo interior, nuestro cuerpo y su salud, si hacemos ejercicio porque queremos estar ágiles, si tenemos muy en cuenta con quién nos relacionamos y con quién no. Nuestras conversaciones. Nuestra psique y nuestro intelecto. Nuestras horas de sueño y su higiene. Si no cargamos jamás con más peso del que nos corresponde, peso físico o no físico. Y si nos dejamos ayudar. Si atendemos a todo esto con el máximo nivel que siempre nos sea posible, el universo responde a nuestra energía al mismo nivel. Generoso y expansivo como es. Y nos impulsa con su fuerza dónde todo el mundo merece estar. 

Aquí está lo cuántico y lo mágico del tema. El universo ayuda a quien se ayuda. Otra ley de esas curiosas, que funciona siempre. Y si no, ¡prueba!

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Sobre la autora

Iba a decir «escritora» pero en realidad me considero sencillamente adicta a la creatividad y a la necesidad de expresarme. Y escribiendo, sacio bien estos impulsos. Otra de mis adicciones es que todas las personas conozcan su poder interior. Y juntas mis adiciones, hacen muy buena combinación. Melómana sin remedio. Gran fan y acompañante de la meditación en grupo. Y coach de proyectos de Luz.

MI VISIÓN
Un mundo de personas despiertas y conscientes viviendo en armonía.

MI MISIÓN
Que todas las personas del planeta descubran la dicha de vivir desde su propósito y lo pongan al servicio.

Estoy en transformación constante y en estos hitos me encuentro hoy. Mañana ¿quién sabe?

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2 comentarios

  1. Gracias Beatriz!!! Coincido al 100%🌟
    La vida es genial si uno decide ver sus maravillas y acompañarlas ☺️
    Infinita gratitud por tus palabras y por lo que en ellas nos muestras❤️🙏🌟

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