Todas las situaciones a las que nos enfrentemos en nuestra vida, pueden ser estudiadas desde diferentes puntos de vista, (y son igual de reales) en algunos de ellos nos colocaremos el papel de víctima «ay pobre de mí» o el de responsable «para qué me he llevado a esta situación».

Analicemos con detalle la diferencia entre un foco y otro.

  • Víctima «Ay pobre de mí». Es el estado en el que, a no ser que le pongamos intención, nos anclamos con mayor facilidad ya que hemos sido educados para pensar que la vida es una especie de azar en la que algunas personas tienen suerte, otras no. Por lo tanto habrá veces en las que el viento sople a favor y otras en contra.

Lo peligroso de este estado es que es adictivo, “«yo querría ser mejor persona, pero no me dejan», «yo querría reciclar más pero el sistema no es el adecuado», «yo querría llegar una vida más saludable, pero mi círculo social me lo impide», «yo querría tener una relación sana, pero no existen parejas que piensen como yo.» Y así podemos continuar hasta el infinito.

Y poco a poco, sin darnos cuenta, nos vamos instalando en esta forma de vida, echando siempre la culpa al resto. Instaurando la queja como argumento principal en todas nuestras conversaciones, y lo que es peor, creando nuestra realidad en función de cómo la proyectamos.

«En el proceso de analizar nuestras vidas cotidianas, descubrimos que todos nuestros temores se basan en falsedades.» Dr. David R. Hawkins

Ahora vamos a ver el otro enfoque.

  • Responsable «para qué me he llevado a esta situación». Desde esta perspectiva, sabemos que no hay ningún sitio en el que nos hayamos visto que, de una manera u otra, no hayamos elegido, con o sin conciencia de ello. Por lo tanto, aunque a nuestro ego le escueza, somos capaces de pasar la barrera del “orgullo” para preguntarnos ¿qué debo aprender de esto?, ¿qué se me escapa?, ¿para qué?. Se trata de, como decía C. G Jung, «buscar la luz que se halla en las tinieblas.»

Ante cualquier situación que se esté dando en la que notes que no avanzas, que algo se te escapa, que estás sufriendo, o que te sientes perdido, pregúntate ¿soy víctima o responsable? y aquí, yo te sugiero que hagas lo siguiente (obviamente partimos de una base en la que has elegido ser responsable de todos los acontecimientos):

Me iría a un lugar tranquilo, cogería un papel y un bolígrafo e intentaría hacer una lista, lo más grande posible, de todo lo que estoy aprendiendo con la situación en la que me encuentro.

Recuerda que tu inconsciente quiere que aprendas, que limpies y liberes.

Después, haría otra lista en la que viera en qué me beneficio con esta historia. Fíjate que siempre, absolutamente siempre, hay algo positivo de todo, y eso es lo que nos engancha sin nosotros saberlo.

Por ejemplo, una persona que está pasando por un maltrato laboral, recibe el cariño de sus familiares y amigos al contar una y otra vez, su “mala suerte” con sus compañeros y jefes.

Tienes que tener la valentía de querer soltarlo. (Escuece, lo sé… pero es al ego, no a ti así que ni te preocupes ni te enfades.)

Después, con esas dos listas haría lo siguiente. Las leería en voz alta y las quemaría. Para llegar al inconsciente tenemos que jugar con él, y esto es un juego simbólico en el que le estamos indicando que dejamos ir aquello que nos «enganchaba» al conflicto.

¡Hazlo! si no te funciona, no pierdes nada más que unos instantes de reflexión, que siempre vienen bien, y si te funciona, eres un poco más libre que hace un rato.

La verdadera libertad es el momento en el que comienzas a aceptar, y dejas de luchar.