¿Sabes lo que siento en los últimos tiempos? (también lo sentía antes, pero ahora no tengo ni un resquicio de duda). Siento que he entrado a trabajar en la mejor Compañía del mundo. Y es porque vivo en Misión.

Desde que solté amarras todo se me ha acelerado y cuando digo todo, no te imagines ningún tipo de límite. Es un constante fluir de maravilla tras maravilla y es porque es ahora cuando de Verdad he dado el «sí, aquí estoy, ¿dime qué quieres de mí?».

Así. Como suena. ¿Qué quieres de mí? (Se me eriza la piel).

Dicen que a todas las personas se nos llama a vivir en Misión pero no todas lo aceptan o quieren escuchar.

Y es que para Vivir en misión tienes que dar mucho primero, darlo todo más bien. Y no solo me refiero a lo material, eso es lo de menos. Tienes que dar todos tus apegos, tienes que soltar el lastre que te impide la libertad para entrar en esta gran Compañía de la que te hablo. 

Vivir en misión quiere decir aceptar que no sabes nada de nada, que no tienes ni idea de para qué estás aquí, pero que tienes la certeza de que cada día se te pondrá delante tu «tarea» correspondiente. Y la vas a realizar con la mejor de las herramientas, el Amor universal del que eres Canal. 

Yo me levanto por las mañanas, medito, no demasiado porque tampoco es necesario, permanezco en silencio y después me comunico, ¿con quién? con mi guía interior, y le digo así; «estoy para ti, dime cuándo, dónde y con quién y dame la lucidez para escucharte».

Y después comienza mi día, una «jornada laboral» como la de cualquiera. 

Hago lo que me corresponde para expandir este vibrar y cuando siento que tengo que salir a pasear o a interactuar con alguien, lo hago.

Y las palabras, los gestos y las acciones vienen a mí completamente inspirados, porque no soy yo quien gobierna el barco, yo soy solo una «mandada», y ¡me flipa serlo!

Si algo es Libertad, es esto. 

Entonces aparecen personas, situaciones, conversaciones, en las que todas las partes implicadas (incluida yo) recibimos Luz. 

Eso es vivir en Misión. Es permitirte ser Canal y distribuir este Amor universal intentando no interferir en nada. 

Hemos venido a servir.

Yo no sé cómo transmitírtelo para que te contagie esta gran Verdad y para que te pongas hoy mismo a averiguar cuál es tu papel en esta «empresa».

No existen mejores «bonus» que los que pagan aquí, te lo aseguro. Es una fiesta, pero la mejor fiesta en la que haya estado nunca. 

Estamos comunicándonos con el Corazón.

Estamos descubriendo que no existe la separación y que todo forma parte de la misma creación y la podemos transformar en el más bello de los sueños. 

A ti también te llaman, y acabarás escuchando, antes o después.

Y si ya lo has hecho y estás en ello, te agradezco infinito tu «trabajo», como me lo agradezco a mí a diario. 

Pues cada Luz que se pone en el camino, suma, y nos acerca más a eso a lo que nos dirigimos; a redescubrirnos y al gran e inevitable despertar de Conciencia de la humanidad. (Se me vuelve a erizar la piel).