Hoy he entrado en una librería y quien atendía me ha dicho al verme; «eres escritora, se te nota». Resulta que en la librería había una presentación de un libro justo cuando he llegado. 

¿Cómo puede ser? 

No te voy a exagerar. De momento, en el 90% de las librerías que conozco en Roma, coincido en hora y día con una presentación de un libro. Esto es de guasa.

Estamos todo el tiempo creando.

¡Mucho misterio detrás de lo que no vemos!

Y ahora, delante del ordenador, después de casi una hora en silencio, escuchando música de piano, con el folio en blanco delante de mí, dejando que el tema me llegara con claridad, me he reído, porque sí, soy escritora.

Mi vida se podría asemejar a la de tantos escritores a los que admiro. Me he convertido en ellos sin darme cuenta. 

Supongo que escribir al final, forja un carácter y una personalidad concreta.

Desde luego te hace sumergirte dentro, muy dentro de ti cada vez que deseas ir a por información que contar (se escribe o se crea para contar historias, te lean o no).

Y lo mejor es caerte bien y estar en paz contigo, porque si no, como a muchos colegas les ocurre, sufrirás tormentos.

Desde luego, visto con perspectiva, el camino es perfecto.

Hoy te animo a ser lo que te propongas. Y a decretarlo. Ya sabes que siempre voy por ahí. 

Estas dos semanas estoy coincidiendo con una chica japonesa, Marina. Ella es muy joven y está en Roma para aprender italiano. La he invitado a comer pasta (por cierto, un día a lo mejor hago un blog de recetas con todo lo que estoy aprendiendo… tiempo al tiempo). 

Mientras compartíamos mesa, le decía esto precisamente. Que puede ser lo que sea que sienta que quiere ser. No hay límites, de verdad. Pero se tiene que ver con claridad absoluta y luego, dar pasos firmes al respecto.

Hasta que llega un momento en que la gente nota que eres lo que eres, sin decirlo. Digamos que los poros de tu piel lo emiten. 

Tomando algo durante la semana con Francesco, un chico que vino a un encuentro que propuse en un grupo de Facebook, (maravillosas las redes sociales usadas con una intención elevada), decíamos esto también. Se trata de «embadurnarte» de aquello que amas hasta que no le quede más remedio que ir a ti. 

Empaparte. Obsesionarte. Rodearte de gente con la misma «tara» que tú. Ir a lugares para hablar sobre el tema. No dejar ni un hueco libre para que no haya duda, y te encuentre. 

Y luego puedes hacer más cosas. Estas son muy divertidas. Tipo rituales, ya sabes. Que te sacan de golpe de tu lógica y por eso precisamente, funcionan. 

Por ejemplo:

  • Presentarte como eso que «ya eres». Imagina lo que sea. Y cada vez que vayas a un lugar con gente nueva, haz que te conozcan por lo que «ya eres». Insisto en esto. Porque solo no lo eres, si tú no lo crees. 

Si por ejemplo, te ves pintando. Eres pintora, eres pintor. Porque desde luego, pintarás y dibujarás siempre que puedas. Nadie va a darte un certificado para que tengas la seguridad de serlo. Eso está dentro de ti. 

Y tampoco necesitas un cuadro en un museo para que te creas que lo eres. Si pintas, amas pintar y estaríais haciéndolo día y noche, eres pintor. Lo mismo que actriz, diseñador, escultora, poeta. Lo eres y punto. (El punto es para los «sí claro… pero…»).

Desde luego por decirlo SOLO no lo vas a ser. Entiéndeme. Es una cosa y la otra. Declararlo al mundo y a ti mismo, y no dejar de impregnarte y formarte hasta las orejas de ello. 

La primera persona que tienes que creer en ti, eres tú. Y te advierto lo siguiente para que no te pille por sorpresa: 

Al principio, puede que se burlen de tus intenciones. 

Si te ocurre esto, ¡vas por buen camino! Eso es que te has atrevido y te las estás viendo con tus propios miedos. Tú solo sigue. Le ha sucedido a todo el mundo. 

Otra cosa que puedes hacer (esta impacta):

  • Mandarte tarjetas de visita con lo que «ya eres» y dárselas a persona con la que te cruces, y sea natural hacerlo, claro. (Queremos siempre parecer normales).

Ver tu nombre completo escrito y el cargo que tú te pones a ti, tiene un poder interior enorme. Además, esto es un juego y los juegos son para divertirse. Usa tu creatividad. 

  • Visualizarse también es importante.

Yo lo hacía mucho (lo hago) pero sobre todo por el hecho de disfrutar de la imagen que me venía. Esa ha sido siempre mi intención. Por ejemplo firmando libros (¡ya ha ocurrido!). O a personas queridas con un libro mío en la mano (me llueven las imágenes, las habrás visto por mis redes sociales). 

Yo este tipo de visualización insisto en que la hago por puro placer, por el gusto de soñar despierta. Así es como mejor funciona, porque al visualizarte y sentirlo, ya te está ocurriendo. 

Me acuerdo perfectamente de una imagen que me ayudó a estar donde estoy ahora. Fue en una cafetería de Edimburgo hace más de diez años. En esa cafetería, The Elephant House, solía ir a escribir la autora de Harry Potter, J. K. Rowling. Me quedé embobada mirando su mesa, y pensé: «¡oh Dios! Quiero ser como ella. Escribir donde quiera. Vivir escribiendo». 

Sé que ahí hubo algo que me dijo que yo también estaría escribiendo por cafeterías de lugares preciosos como lo era ese. Me latió el corazón muy fuerte. Quizás era mi Yo del futuro mandándome un guiño. ¡Quién sabe!

La primera vez que me di cuenta de que ya era escritora, fue en Asturias cuando me lo empezaron a llamar las personas de los pueblos en los que viví. ¡Y llevaba más de cinco años escribiendo! (o toda una vida). Pero hasta entonces, no me definía como tal.

Desde que lo he hecho conscientemente, todo se me ha acelerado.

Nuestro poder interno es infinito. Lo sé. Ni lo creo ni lo deseo. Lo sé.

Nunca te hablo de teoría, te hablo desde una práctica bien experimentada. 

Y por cierto, había otro tema que quería compartirte hoy, pero este se me ha colado primero.

Sea lo que sea a lo que te dediques o a lo que dediques tu vida, que esté enfocado en el dar sin esperar nada cambio. Y que sea sincero y genuino. Si no, no vale. Y se te va a notar antes o después.

Hoy se me ha permitido que este «dar» lo practique con varias personas. Y he concluido lo de siempre. Quien da, casi tiene que agradecer a quien le ofrece la oportunidad de hacerlo, porque creo que no existe mayor satisfacción que esa. Dando te das.

Estar donde se te pide, para lo que se necesite. A eso hemos venido. Y a hacerlo desde la conciencia de Unidad. Amándote y amando.

Por eso mi insistencia durante todo este tiempo es que encuentres tu «para qué» y simplemente, te pongas al servicio.

Foto de Inma Salomón.

Ya verás que no te faltará «trabajo». Todo esto tiene una mecánica perfecta y está muy bien cuadrado.

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